Dismorfia y disforia
Como algunos saben, soy miembro del staff de Transmasculinidades MX, en la sesión de este mes hablamos de dismorfia y disforia, para lo cual escribí el siguiente texto hablando del tema desde mi vivencia como un chico trans.
Sé que el tema es delicado para algunos y de interés para muchos, siéntanse con la libertad de escribir sus dudas y comentarios.
Sé que el tema es delicado para algunos y de interés para muchos, siéntanse con la libertad de escribir sus dudas y comentarios.
DISMORFIA
Y DISFORIA
La palabra dismorfia proviene del “trastorno
dismórfico corporal, el cual es un trastorno somatomorfo que consiste en
una preocupación fuera de lo normal por algún defecto, ya sea real o imaginado,
percibido en las características físicas propias (autoimagen). Si dicho defecto
existe, la preocupación y ansiedad experimentada por estas personas es
excesiva, ya que lo perciben de un modo exagerado y puede llegar a querer
solucionarlo a como dé lugar. El afectado puede quejarse de uno o varios
defectos: de algunas características vagas, o de su aspecto en general
(global), causando malestar psicológico significativo que deteriora su
desempeño social o laboral, hasta el punto de manifestar síntomas
ansioso-depresivos severos, el desarrollo de otros trastornos de ansiedad y
aislamiento social.”
Sin embargo, este es un enfoque
patologizante y fuera de contexto, ya que en una persona transgénero no sólo
hablamos de “un defecto en la autoimagen”, sino de una serie de incomodidades
generadas por vivirnos en un cuerpo asociado a un género que no nos
identifica. Se suele usar el termino disforia para referirse a esta serie de
incomodidades, que abarcan desde lo corporal y emocional hasta lo psicológico y
social. Y aunque la transexualidad dejó de considerarse una enfermedad mental
hace mucho, la disforia sigue figurando en los manuales de diagnostico por la
imperiosa necesidad de manejar los niveles de incomodidad y ansiedad que pueden
presentar algunas personas de la comunidad trans.
Dismorfia y disforia son dos
palabras que escuchamos con frecuencia en los círculos trans, a veces usadas de
manera irresponsable, a veces confundiendo sus significados. Existe gente que
incluso las considera requisito para ser considerado “trans”, y aunque es
verdad que muchas personas las experimentan, y son el principal motor para
buscar cambios físicos en la imagen, no son precisamente un requisito. Hablamos
de identidad, de sentirnos y permitirnos ser nosotros mismos más allá del
cuerpo.
Una de las principales
recomendaciones que se hace a toda persona que quiera iniciar un proceso de
transición de género es hacerlo con acompañamiento terapéutico, ya sea con un
psicoterapeuta sensibilizado, o en grupos de apoyo entre pares. Esta
recomendación no es en vano, ya que es necesario tener claras y aterrizadas las
expectativas respecto a la transición, ser pacientes respecto a los cambios, y
priorizar lo emocional. Una transición conlleva varios cambios físicos,
emocionales, conductuales y sociales importantes, llevarlos sin acompañamiento
llega a ser abrumador y puede salirse de nuestras manos.
Independientemente del género con
que nos identifiquemos, el cuerpo es el único recipiente que tenemos. Es válido
querer observar cambios que lo hagan coincidir más con cómo nos identificamos.
Es válido recurrir a un tratamiento hormonal o un procedimiento quirúrgico para
conseguir estos cambios. Pero también es importante recordar que la mente que
ocupa ese cuerpo requiere de cuidado y atenciones. El popular dicho “mente sana
en cuerpo sano” hace mucho sentido en esto, es un proceso que debe ir de la
mano.
Expectativas
Uno de los temas más delicados al
iniciar la transición está precisamente relacionado con la dismorfia y la
disforia, y es el de las expectativas que se tienen con respecto a dicha
transición.
Por el lado de la dismorfia, están
las expectativas que ponemos en el tratamiento hormonal. Cosas como el tono de
voz, la piel suave, la falta de vello facial, las caderas pronunciadas y la
cintura marcada, la dificultad para ganar musculo, la menstruación o incluso el
aroma que despedimos, son características que suelen ser motivo de dismorfia, y
es en ellas en donde más se espera ver cambios. Afortunadamente son cambios
viables para el tratamiento hormonal, llevado de manera responsable,
supervisada, y acompañado de una dieta equilibrada y ejercicio. Sin embargo,
hay que ser conscientes de que estos cambios llevan su tiempo y están en
función de la genética. No podemos esperar una gran barba y una voz grave, si
nuestros padres y hermanos son lampiños y de voces suaves.
Muchos chicos aspiran a cirugías
como la mastectomía, la histerectomía, y en algunos casos la faloplastía. Pero
son procedimientos costosos y que requieren de consideraciones especiales, y según
el lugar de residencia, incluso de llevar determinado tiempo en tratamiento
hormonal, rol de vida y cambio legal de identidad. Y aunque es el anhelo de
muchos, hay quien por razones económicas o de salud no puede permitírselo.
También hay características que no cambiarán con el tratamiento hormonal ni con
cirugías, como la estatura o la estructura ósea.
¿Qué podemos hacer mientras
esperamos que el tratamiento hormonal funcione? ¿Mientras ahorramos para esa
cirugía? ¿Qué podemos hacer con esos detalles que no se pueden cambiar? Podemos
reconciliarnos con el cuerpo. Es un proceso delicado, a veces complicado, para
algunos lento, pero es nuestra mejor arma contra la dismorfia.
¿Todas las personas trans presentan
dismorfia? ¿Todas buscan someterse a un tratamiento hormonal o quirúrgico?
¿Todas buscan una apariencia que asemeje a lo cisgénero? Para nada, muchas
personas trans no buscan hacer modificaciones a su cuerpo, no recurren a
tratamientos de ningún tipo. Todas las transiciones son válidas, y respetables.
Es igual de hombre el chico que decide no hormonarse ni pasar por el quirófano
nunca, que el que lleva cinco años en hormonas y ya se realizó la mastectomía y
la histerectomía. Cómo mencioné al principio, se trata de identidad, de saber
quiénes somos y cómo queremos mostrar al mundo lo que somos. Existen personas
trans sin dismorfia. Existen personas trans que la experimentan en algún
momento de su vida, pero tras reconciliarse con su cuerpo dejan de sentirla, e
incluso dejan de buscar estos cambios físicos. También existen personas trans
que siguen sintiendola después de hormonas y cirugías. Es por eso que es
importante un acompañamiento terapéutico que nos acompañe a entender esas
dismorfias, nos ayude a fijar expectativas realistas y nos ayude a llevar
nuestra transición de manera amigable, saludable y segura.
La disforia, en cambio, obedece a
factores psicosociales. El rol que jugamos en la sociedad, el cómo nos perciben
los otros, cómo nos relacionamos y nos vivimos en nuestro género, cómo sentimos.
Enfrentar la disforia es un camino hacia el autodescubrimiento, encontrarnos a
nosotros mismos para saber quiénes somos, quiénes queremos ser, cómo nos
queremos mostrar, y cómo queremos relacionarnos con nosotros mismos y con los
demás.
Es común que al iniciar la
transición queramos ver todos los cambios a la vez, y que la gente lo perciba y
lo acepte, pero no siempre es así. Muchas veces es un ir y venir, estar en las
nubes cuando el cajero nos dice “joven”, y hundirse en el lodo cuando en el
mesero nos dice “señorita”. Sentirnos soñados al mirarnos al espejo mientras
usamos el primer binder y el primer packer, salir sintiéndonos completamente
varoniles, y que pese a eso en casa papá nos diga “princesa”. Aquí ya no
hablamos de reconciliarnos con el cuerpo, sino con nuestra mente, con nuestras
emociones, no negarnos a lo que estamos sintiendo, porque sí, se vale que a
veces esas cosas nos molesten, nos duelan, pero hay que saber reponernos,
recordar que somos guerreros, y que podemos con lo que se ponga enfrente,
porque a diferencia de muchos, sabemos quién somos.
Cuando inicié mi transición
escuchaba mucho que cuenta mucho la seguridad con que te muevas, la presencia
que transmitas, me parecía un poco ilógico que solo por verte más seguro la
gente te percibiera diferente. Pero la verdad es que a lo largo de este año
descubrí que es cierto. No es que precisamente por sentirme más seguro y más
varonil la gente en automático me lea en masculino, pero si entro al baño con
toda seguridad de estar en el lugar correcto nadie lo pone en duda, si me
presento como Alexander con un apretón de manos sólido y con voz firme, no
importa si esa voz es aguda, para mi interlocutor soy un “él”.
Reconciliándome conmigo
Y a todo esto… ¿Cómo se reconcilia
uno con el cuerpo, consigo mismo? Me temo que no hay una sola formula, por ello
reitero la importancia del acompañamiento terapéutico. He escuchado diversas
historias, donde cada persona llega a esta reconciliación de diferente manera.
Pero he notado puntos comunes. Uno de los más importantes, aunque suene a
cliché, es la importancia del amor propio. Amar a la persona que somos, y por
lo tanto, saber que somos sujetos de mejora, que el “me amo tal como soy” no
implica que no podamos aspirar a ser mejores, que si nos amamos y hay cosas que
queremos cambiar, tenemos el valor y la constancia para cambiarlas. Que podemos
cumplir nuestras metas y aspiraciones.
En mi caso, cuando me descubrí a mí
mismo como un chico, y conseguí entenderme, empecé a amarme como era, sin
embargo, sabía que podía ser mejor. Así que empecé a trabajar en esas cosas que
quería mejorar, empecé a ser más abierto, a aprender más, a conocerme más, a
convivir con más personas y conocer otras perspectivas, a hablar más de mis
emociones, y a compartir más afectos. Empecé a comer más saludable, a
ejercitarme un poco, porque aunque “me amo como soy”, ese mismo amor me movió a
tratar mi cuerpo con más respeto, a cuidarlo mejor. Tal vez todavía no sea el
cuerpo que la gente identifique en automático como masculino, pero si quiero
ver algún cambio en él ¿no es mejor que ese cuerpo tenga la salud para
reflejarlo? Y lo más importante, me permití ser yo mismo, dejé de cuestionarme
si un gesto, un movimiento o un comentario cambiarían la percepción que el otro
tiene de mí, me permití ser yo mismo más allá del cuerpo, más allá del género,
expresar lo que quería expresar, me permití fluir y ser quien realmente quería
ser.
Es esa la invitación que les hago
hoy, sean ustedes mismos, mejoren, ámense.
Nadir Kampz
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