Hombres que sangran


Para muchos chicos trans el tema de la menstruación es un tema delicado, tabú, del que no se habla, al principio también lo pensaba, pero ahora veo las cosas diferentes y considero muy importante hablar de ello. Aquí lo hago únicamente desde mi vivencia y bajo mi punto de vista, sé que hay chicos para los que es mucho más duro y traumatico, lo cual es completamente respetable. 



Hombres que sangran

Es de madrugada y un dolor abdominal termina por despertarme, me levanto de la cama, miro el calendario y aun antes de llegar al baño sé lo que sucede. La pequeña mancha roja en mis boxers lo confirma, otra vez, igual que cada mes.  

El “periodo”, “esos días”, “la marea roja”, “la visita de Andrés”, “la regla”, no importa como queramos decirle, no es otra cosa que la MENSTRUACIÓN. Esa palabra que, si entre las mujeres es tabú, entre los hombres trans lo es mucho más. Es algo que no pasa, incluso si aun no estamos en hormonas, buscamos ocultarlo a toda costa cuando sucede, y es que “la menstruación es cosa de mujeres”, o eso nos han hecho creer. Los transfóbicos no se casan de repetir que los hombres no menstrúan, que si nosotros lo hacemos es el recordatorio de la naturaleza de que siempre seremos mujeres, como si ovular y menstruar fueran la base de la feminidad.

Ser un hombre que mes con mes tiene que atravesar por una situación tan relacionada con lo femenino no es fácil, y menos si nosotros mismos la vivimos con vergüenza, porque así se nos enseñó que debe ser. Mi primera menstruación llegó cuando tenía 11 años, mi mamá no se cansaba de repetirme que no se lo dijera a nadie, que tuviera mucho cuidado de no mancharme la falda y que me bañara muy bien para que no oliera a nada. Además, se encargó de envolver estratégicamente un par de toallas sanitarias en papel higiénico para que no se notara cuando las llevara al baño. También me dijo que por fin me había convertido en mujer. Yo a los 11 años no era consciente de mi identidad masculina, sólo sabía que me gustaban más las cosas “de niño” y que “convertirme en mujer” me aterró y me dolió mucho más de lo que esperé. Crecí con la idea de que la menstruación era algo malo, algo vergonzoso, algo que debía esconderse. Además, había sido el detonante de muchos cambios en mi cuerpo, que fueron los que me hicieron empezar a sentirme incomodo en mi propia piel, esos cambios que según todo mi entorno eran la muestra de que me convertía en mujer, aunque yo cada vez me sentía mas ajeno a la etiqueta. Todavía no me reconocía a mí mismo como un hombre, pero cuando la idea rondaba mi mente ocasionalmente, y luego cada vez con más frecuencia, la menstruación realmente me hacía sentir que debía dejar de imaginar imposibles.  

Cuando conseguí conocerme y aceptarme a mí mismo como un hombre trans llegó la gran incógnita: ¿Quería iniciar un tratamiento hormonal? Sí, lo quería, pero no tenía prisa. Antes de construir una apariencia masculina quería construirme a mí mismo desde adentro, conocer al hombre que siempre había sido. No son las hormonas lo que me convertirá en hombre, porque siempre lo fui, la testosterona es la herramienta que me ayudará a que la imagen del espejo coincida con la de mi cabeza, pero primero necesitaba conocer el alma que habitaba el cuerpo.

Todavía no inicio un tratamiento hormonal así que menstrúo mes con mes, los primeros meses después de reconocerme como hombre fueron realmente duros, yo seguía con la idea de que la menstruación era algo vergonzoso (y femenino), así que me lo negaba tanto como me era posible, al grado de no querer salir esos días, por el miedo a manchar la taza o dejar los papeles llenos de sangre en el baño de hombres y que alguien se diera cuenta. También estaba el síndrome premenstrual, la inestabilidad emocional, la sensibilidad, todas esas cosas con las que la gente suele molestar: “Que sensible, has de estar en tus días”. Todas esas manifestaciones que también se asocian a lo femenino y que en los primeros meses me hacían sentir tan poco masculino por la idea errónea de que debía emular una masculinidad cisgénero típica. Comprar productos femeninos me parecía toda una odisea, porque incluso si la señorita de la caja del supermercado me había percibido en masculino y me decía “¿Encontró todo lo que buscaba, joven?”, cuando veía que lo que llevaba eran toallas sanitarias y Syncol, de inmediato cambiaba su percepción y se despedía con un “Gracias por su compra, señorita”, lo que solía golpear mi ya herida masculinidad.

Hoy, las cosas son distintas, conforme me fui conociendo a mi mismo, fui también definiendo mi propia masculinidad, eligiendo como quería mostrarla al mundo. No quiero ser una imitación de hombre cisgénero y llegar al punto de pasar desapercibido. Soy un hombre con un útero sano y funcional, con ovarios que cada mes liberan un ovulo que espera ser fecundado, y que es expulsado porque no llega esa fecundación. Eso no me hace sentir menos hombre, incluso con frecuencia bromeo que un hombre cisgénero no aguantaría tres días de cólicos menstruales, aunque en realidad con un ibuprofeno los cólicos se van. Salgo de casa sin miedo, sabiendo que en realidad si soy cuidadoso no tendría por qué ensuciar nada, y que lo peor que podría pasar es dejar confundida a la persona del aseo cuando encuentre papeles con sangre en el bote de basura del baño de hombres.

Definir mi masculinidad me permitió quitarle la carga negativa a todo lo emocional también. Sí, soy un hombre que esos días se pone irritable, sensible y llorón, que quisiera que lo apapacharan o le recuerden que lo quieren, y que quisiera pasar la tarde envuelto en una manta viendo Bajo la misma estrella o El diario de Bridget Jones. Pero soy un hombre sensible que quiere que lo apapachen y ve películas cursis el resto del mes ¿así que qué mas da?

En el futuro iniciaré un tratamiento hormonal y la menstruación se irá, y sí, será genial y liberador, pero por ahora es un proceso natural de mi cuerpo, es parte de lo que soy, así que ¿por qué atacar mi propio ser?  

Nadir Kampz


Comentarios

  1. Me encantó, en especial la parte donde mencionas que antes de hormonas necesitas conocer el alma que llevas dentro.

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