"Hija. Ella. Nena" La familia y los pronombres.


Fechas como Navidad y Año Nuevo suelen significar amor y fraternidad, reunirse con esa familia que hace meses no ves, para mucho es uno de los momentos más emotivos del año, para otros, es una verdadera tortura. 
Para algunas personas trans implica volver a ponerse el disfraz, volver a fingir y moverse en ese género que no les corresponde, para otros implica pasar la noche corrigiendo nombres y pronombres, contestando preguntas y esquivando argumentos transfóbicos, y para algunos la oportunidad de ser ellos mismos y agradecer a la familia por su apoyo. 
Sea cual sea su situación recuerden que no están solos, recuerden que hay gente que los ama, que los respalda, y si no es familia o amigos no importa, acá andamos aunque sea de modo virtual para apoyarnos entre nosotros. 


"HIJA, ELLA, NENA"
LA FAMILIA Y LOS PRONOMBRES.


Mañana es el último día del año, este año para mí fue fantástico, conseguí conocerme y descubrirme, y aunque desde hace años una parte de mí sabía la verdad, fue hasta este 2018 que tuve el valor de salir al mundo y ser yo mismo. Ha sido un gran año donde descubrí un nuevo nivel de amistad y apoyo, donde logré liberarme de muchas cosas que traía cargando, y donde conocí gente maravillosa.

Estoy agradecido de terminar el año acompañado, con el apoyo de mis padres, mis hermanos, mis amigos, y algunos tíos y primos.

Es justo ese “algunos” el que me tiene un tanto preocupado. Soy consciente de que, así como nosotros tenemos nuestros procesos y nuestros tiempos a la hora de transicionar, la familia también los tiene. Pero mañana es la cena de Año Nuevo, me toca ir con la familia de mi mamá, y no dejo de pensar en todo lo que podría salir mal, es la primera vez que veré a todo ese lado de la familia después de “salir del closet”, y aunque en redes sociales la mayoría de los primos lo tomó bien, todavía están las tías que se niegan al cambio, los que ni siquiera se enteraron, y los que insisten en que es solo para llamar la atención porque mis padres me malcriaron mucho.

Me imagino en medio de la cena, corrigiendo a mi tío cuando me diga hija, y sé que su respuesta será “ay, ya, solo son palabras”, el mismo tío que le soltó un puñetazo a su hermano el año pasado cuando le dijo “pareces vieja” … ¿no qué eran solo palabras, tío? Me imagino a mis primos diciendo que es difícil acostumbrarse y aprenderse el nuevo nombre, los mismos primos a los que les toma cinco minutos aprenderse los nuevos apodos y no tienen problemas para usarlos por el resto de la cena.

La gente suele preguntarse por qué las personas trans nos hacemos tanto lío con los pronombres, por qué nos molesta tanto que se equivoquen y usen el pronombre equivocado o el nombre anterior. No puedo hablar por todas las personas trans, pero en mi caso es una cuestión de apoyo, de respaldo a mi identidad. Yo sé que soy un hombre, y que no dejo de serlo porque mis tías me digan “nena”, pero me gusta sentirme cómodo en mi entorno, me gusta sentirme querido y respetado. Y para mí una muestra enorme de cariño y respeto ha sido que mis seres queridos respeten mis pronombres y usen mi nombre actual, porque me demuestran que el cariño que sienten es realmente hacia quien soy yo, y no hacia la idea que tuvieran de mí.

No me molesta cuando se equivocan de pronombre en la calle, cuando el taxista pregunta “¿A dónde señorita?”, cuando el de la tienda pregunta “¿Qué te doy amiga?”. No están obligados a saberlo y no puedo culparlos por sus percepciones, ellos no saben que en este cuerpo de 1.50 mts, falto de vello y de músculos habita un hombre. Pero la cosa cambia cuando alguien lo sabe, cuando ya le explicaste lo incomodo que te sientes a veces en tu cuerpo, el valor que hizo falta para aceptar que siempre has sido un hombre, y lo duro que es a veces vivir en una sociedad para la que eres una burla, una patología, o la encarnación del mal… todo cambia cuando es una persona que sabe todo eso y aun así insiste en que para él o ella siempre serás una mujer. Duele, porque no son capaces de ver más allá, no son capaces de entenderte, pero sobre todo duele, porque no les pides nada extraordinario, no es nada del otro mundo, es solo ser respetado y tener la libertad de ser tú mismo, y no pueden darte eso.  

Si yo empezara a decirle “nena” a mis primos y “cabrón” a mis primas sería todo un tema, terminaría regañado, mal mirado y quizás hasta agredido. ¿Por qué habría de ser diferente conmigo? ¿Por qué si son capaces de respetar los pronombres, o incluso los apodos ridículos del resto de la familia, no pueden hacer lo mismo conmigo?

La gente suele decir que las personas trans llegamos con nuestra “ideología de género” a imponerles cosas. Querido familiar, yo no te impongo nada, respeto si crees que Dios hizo a Adán y Eva, o si crees que solo hay cromosomas XX y XY, yo solo te pido respetar mi nombre y mis pronombres porque soy una persona, con derecho a una identidad, si no estás dispuesto a darlo, lo siento mucho, pero entonces evita dirigirte a mí, yo ya no respondo a mi nombre anterior ni a pronombres femeninos, no me pidas que te haga caso si me llamas así, simplemente no te responderé. ¿Soy drástico? Puede ser, pero me importa mucho más mi bienestar que tu miedo a salir de tu cerrada burbuja.

¿Por qué nos hacemos tanto rollo las personas trans con lo de los pronombres? Imaginen esto. Eres un hombre trans, es una fiesta importante con toda tu familia, llevas buen tiempo transicionando, ya toda la familia se enteró y hace mucho que tu apariencia es incluso más varonil que la de varios primos, todo transcurre en paz hasta que tu mamá te dice “oye, hija, ayúdame a sacar algo del horno”, intentas no tomarlo a mal, pero una mueca se dibuja en tu cara, tu hermano le dice “hijo, mamá” y tu mamá solo responde “sí, lo que sea”, tu papá finge no haber escuchado nada. Tratas de relajarte, la fiesta sigue su curso, hasta que llega tu tía y te dice “María, mi niña hermosa”, de nuevo el silencio incomodo, tu novia te mira y sonríe como apoyo, y aunque ella sabe que eres trans, no sabe cómo ayudarte, solo nota como por dentro quisieras desaparecer. Ya entrado en copas, se acerca tu primo a preguntarle a tu novia si siempre fue lesbiana o lo descubrió contigo, tu novia con toda naturalidad le responde que tú eres todo un hombre y ella es heterosexual, pero la carcajada de tu primo solo convierte el lindo momento en algo incómodo.

Imagina cómo cada “hija”, cada “nena”, cada “María” es como un golpe en el estómago, un sabor agrio en la garganta, una falta de aire inexplicable, el rostro completamente rojo. Eres seguro, llevas unos meses en hormonas, ves cada semana a tu terapeuta, todo está bien, pero aun así cada palabra golpea un poco tu autoestima. ¿Suena exagerado? Tal vez, pero es lo que muchas personas trans sentimos en ese tipo de situaciones. 

          Imagina toda esa incomodidad, todo ese mal rato en una situación que debía ser amena y divertida. ¿Y si te digo que puedes evitarle todo ese mal momento a la persona? Es súper sencillo, solo respeta sus pronombres, solo usa el nombre que te pida. Si te equivocas y te corrige no respondas “sí, lo que sea”, no le digas que solo son palabras, discúlpate y corrige de inmediato. Sabemos que tal vez el cambio no será inmediato, pero amamos ver que lo intentas. ¿Es muy difícil para ti? Créeme, es más difícil para nosotros.

Amigo, amiga, amigue trans, recuerda siempre que eres valido, eres valioso, eres real. Y no estás solo, incluso si tu familia no te acepta, incluso si se niega a ver lo mucho que has cambiado, sin importar nada eres real. Yo sé bien lo duro qué es, pero también sé que podemos levantarnos, que podemos mirar hacía al frente y ser felices. Existe. Resiste. Vive. Se tú. 

Nadir Kampz


Nota: Mi nombre anterior no era María, usé ese para el ejemplo porque es uno de los nombres femeninos más populares y lo sentí más identificable.



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