Normal

Esta vez les traigo una pequeña historia que escribí hace un par de años. Es sobre un chico de secundaria con Síndrome de Asperger. Esta es una condición que afecta principalmente a nivel sensorial y social, y aunque cada persona con Asperger es diferente, hay puntos comunes, como la hipersensibilidad sensorial, las dificultades sociales, un pensamiento que tiende más a lo literal, y una expresión emocional atípica. 
A mi me diagnosticaron en la Universidad, aunque en realidad las señales siempre estuvieron ahí, pero fui un niño tan "inteligente y bien portado, solo algo retraído", que nunca hubo sospecha de que necesitara algún tipo de ayuda psicológica. Llegué al psicólogo pensando que tenía depresión y salí con un diagnostico de Asperger. Al principio no lo creí, vamos, mis referentes eran personajes de TV como Sheldon o Sherlock, para nada me sentía así. Ya había visto el cuadro clínico en la carrera, no sentía que me hiciera click, pero vino toda una retrospectiva de mi vida, donde vi que sí, en realidad cumplía con el cuadro, sobre todo en el aspecto sensorial, mis papás siempre pensaron que yo era "un sangrón", si en ese entonces hubieran sabido que lo que ellos llamaban berrinche era la manifestación de una sobrecarga sensorial, tal vez me hubieran entendido antes y me hubiera evitado muchos malos ratos. La parte emocional y social las llevé con apoyo terapéutico, supongo que resultó bien porque muchas veces he escuchado el "¿En serio tienes Asperger? Ni parece". 
Pero bueno, volviendo al tema, esta historia es moderadamente real, ya que en realidad, como les dije, mi diagnostico llegó mucho después, y en la secundaria yo no era yo, aún me identificaba como chica, pero sí, mi sueño era ser "normal". 


Normal
Una historia de Nadir Kampz

─ Para mañana quiero que escriban ¿qué quieren ser de grandes? ¿Por qué? ¿Cuál es su más grande sueño? Una cuartilla al menos, hablaremos de eso mañana, así que no lo olviden ─ la profesora guardaba ruidosamente sus cosas en el cajón del escritorio mientras hablaba, cosa que dificultaba a Alex poner atención.

Alex se concentró en la voz de la profesora y anotó en su cuaderno la tarea, cerró el cuaderno, guardó los bolígrafos en el estuche, y lo guardó todo en su mochila, se aseguró de no olvidar nada bajo el pupitre y se levantó para dirigirse a la salida, igual que todos los días desde hacía casi tres años. Todos los días la misma rutina, sin cambios ni variaciones, y es que para Alex todo era más sencillo así. No le gustaban los cambios. Siempre andaba por las mismas calles, comía en los mismos lugares, compraba en las mismas tiendas.

Alex caminó desde la escuela hasta la parada del camión, pagó su pasaje y subió, hace tres años algo así le parecía imposible… tanta gente, tanto ruido, tantas cosas que mirar. Pero ahora, tres años después de su primer día de secundaria, podía hacerlo sin problemas. Claro, debía concentrar su atención en algo, como leer un libro o hacer operaciones aritméticas en su mente; y usar audífonos para aislar el sonido, además de memorizar bien la ruta, para saber dónde bajar, y la tarifa de precios, porque, aunque fuera muy bueno en matemáticas, cualquier intercambio de dinero le confundía. Alex conectó los audífonos al reproductor, puso su música favorita y sacó de su mochila un libro de mitología griega.

Parecía que ese iba a ser un buen día, pero de repente Alex sintió el golpe en la nuca, sus lentes resbalaron un poco, así que se los ajustó, y se giró para encontrarse con que el culpable había sido uno de sus compañeros de clase, que se reía disimuladamente, fingiendo que había sido un accidente. Por suerte para Alex, su parada estaba a una cuadra, así que guardó el libro, se quitó los audífonos y se acercó a la puerta delantera para evitar encontrarse con su compañero. Bajó en la esquina y caminó el trayecto de la parada a su casa. Lo recibió Candy, su mascota que batía la cola alegremente al verlo llegar. Alex se agachó para abrazarlo y jugar un poco con él, tal vez no fuera muy afectivo con las personas, aun cuando las quisiera le costaba trabajo demostrarlo, pero con Candy podía pasarse todo el día rascándole detrás de las orejas, abrazándolo, o jugando a corretearse.

Después de un rato, Alex dejó en el patio a Candy, y entró a su habitación, se sentó en su escritorio y sacó su cuaderno de tareas. Primero estaba la tarea de algebra, que terminó en minutos. Después la de literatura, un poco más complicada, porque tenía que leer un par de poemas y escribir que le hacían sentir, tenía dos problemas con ello, el primero era que uno de los poemas usaba bastantes metáforas, y Alex no podía entender cómo era eso de “el profundo océano de la tristeza” ni “la tormenta eléctrica en mi mente”, porque el profundo océano nada tiene que ver con la tristeza, y no se puede dar una tormenta eléctrica en la mente de alguien, para ello la mente tendría que estar llena de nubes y aire frío. El segundo problema era que, aunque lograra entender los poemas, le costaba expresar como se sentía, era muy lindo que el autor del segundo poema hablará de los beneficios del amor, pero Alex nunca había estado enamorado, además creía que cada uno vive los sentimientos de manera distinta, no podía sentirse identificado con el poema, no sólo porque el autor era el autor, y él era él, sino porque nunca había sentido ese tipo de amor. Alex amaba a sus padres, y amaba a Candy, también amaba a sus abuelos y a un par de tíos y primos, pero lo más cerca que había estado de estar enamorado había sido el año pasado, cuando la chica nueva de la clase le pareció la más bonita que había visto, y además era tan lista que quería acercarse a ella, pero no sabía cómo, no sabía qué hacer o qué decir. Finalmente, a la chica le llegó el rumor de que Alex era un extraño sabelotodo que casi nunca hablaba con nadie, pasaba el día murmurando cosas ininteligibles y parecía que nunca podía quedarse quieto, así que él prefirió no acercarse.

Terminó como pudo la tarea de literatura y llegó a la última tarea del día: “¿Qué quieren ser de grandes? ¿Por qué? ¿Cuál es su más grande sueño?” había escrito Alex en grandes letras verdes. Alex se quedó pensando un rato. ¿Grandes cuándo? Definitivamente era más grande que hace un par de años, y sería más grande el siguiente año, y mucho más grande en diez años. ¿Su más grande sueño? Alex a veces soñaba que estaba en un oscuro bosque, perdido, otras, soñaba que era un valiente explorador que investigaba unas hermosas pirámides. Pero estaba seguro de que su maestra no se refería a eso.

Alex miró el reloj, hora de comer, le extrañó un poco que su madre no le hubiera llamado ya, pero bajó de todos modos, se detuvo al pie de la escalera, al escuchar a su madre hablar por teléfono.

─ Me vuelve loca, hace años que no hago mi famoso pollo en almendras porque es alérgico… pero sabes que no le gustan las ensaladas, cuando preparo alguna separa todos los ingredientes y los come en orden… arriba haciendo su tarea, supongo… no, no le gustan los deportes… el psicólogo dice que debemos aceptar que así es él, pero es un chico muy difícil… Nora es adorable, salúdamela mucho, me hubiera encantado tener una hija como ella, es tan dulce, tan sociable… tan normal… está bien, hablamos luego.

“Normal”, una de las palabras que más le costaba entender, no sabía qué era ser normal, pero todo mundo le decía que él no lo era. Su madre le llamó para comer y él entro a la cocina. Se sentó a la mesa, en la silla de siempre, en su plato había milanesa de res, puré de papas y lechuga. Alex cortó un trozo de milanesa con los cubiertos, lo untó con puré, lo cubrió con un trozo de lechuga, se lo llevó a la boca, masticó, tragó, y bebió un poco de agua. Repitió el proceso de la misma forma hasta terminar todo lo que había en el plato. 
Dio las gracias a su madre por la comida y regresó a su habitación.

El cuaderno seguía abierto en la misma página, con las tres grandes preguntas en letras verdes. Pensó en lo que había dicho su madre al teléfono, en la chica nueva que le parecía hermosa, en su compañero de clase que lo había golpeado ese día, en la vez que lo habían echado de clase por ponerse inquieto, en la primera vez que viajó sólo y tuvo un ataque de ansiedad, pensó también en como sus compañeros de clase se burlaban de él por ser malo en los deportes, por hablar poco, por saber mucho, por siempre llevar su propio almuerzo en lugar de comprarlo en la cafetería como los demás, por siempre estar leyendo un libro, o por llevar siempre puestos los audífonos, pensó en cómo más de una vez lo habían golpeado por eso. Pensó en aquel día de hace seis años que el psicólogo le había dicho que no era como el resto de los niños, que su cerebro procesaba la información de manera diferente, que las cosas más simples, en su cabeza eran complejas, y en cambio las más difíciles, para él eran sencillas. Síndrome de Asperger, había dicho el psicólogo, le explicó que se manifestaba diferente en cada persona, pero que tenía varias características generales que lo hacían encajar completamente en el cuadro clínico. No era algo grave, ni siquiera necesitaba medicación, pero sí cierto entrenamiento en habilidades sociales para ser independiente. Alex había ido al psicólogo por dos años, y aprendió montones de cosas acerca de sí mismo y de cómo relacionarse con los demás, pero al parecer los demás no tenían ningún interés en relacionarse con él.

Alex sacó una hoja en blanco, escribió de nuevo las tres preguntas, esta vez en tinta azul. Debajo de ellas, con tinta negra, escribió:

“Quiero ser normal, ese es mi más grande sueño, no sólo cuando sea grande, desde ahora, desde que era pequeño, porque así mamá no diría que la vuelvo loca, papá no se hubiera ido de la casa, ni le hubiera dicho a mamá que ella tuvo la culpa por malcriarme, y si fuera normal los compañeros no dirían que soy raro, ni me golpearían, algunos tal vez hasta serían mis amigos, y sería bueno en los deportes, podría divertirme con las mismas cosas que todos los demás, y podría probar cosas nuevas, y comer lo que fuera, y no tendría esa manía de ordenar todas las cosas por colores o por orden alfabético, y podría haber invitado a Eli al cine sin ningún miedo, iría al campo todos los fines de semana con mis primos, no tendría que preocuparme de no encajar, porque sería tan normal que encajaría en todos lados, ese es mi más grande sueño, ser normal.”

Alex guardó la hoja en su carpeta, guardó la carpeta en su mochila y se puso a ver videos de robótica hasta que oscureció. Antes de bajar a cenar se asomó por la ventana, en la calle varios chicos que jugaban fútbol habían empezado a pelear, trató de imaginarse ahí abajo, jugando con ellos, trató de imaginarse lejos de sus libros, de sus rompecabezas, de su computadora, trató de imaginarse fumando a escondidas detrás de la escuela, o bebiendo alcohol en la fábrica abandonada, trató de imaginarse copiando la tarea resuelta del cuaderno de alguien más, trató de imaginarse molestando a otros, trató de imaginarse siendo como todos los demás. Sacó de nuevo su carpeta, tomó la hoja que había escrito hace unas horas y la rompió por la mitad, pensándolo bien, no quería ser normal. Amaba ser él mismo.

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