Peter Pan

Hace poco vi un capitulo de Queer Eye en el que los Fab Five ayudan a un chico trans que parece atrapado en la adolescencia. Me identifiqué en muchos aspectos con ese chico y me hizo replantearme muchas cosas, darme cuenta de que yo también estoy estancado, tratando de vivir una etapa que hace mucho se fue, y aunque ya algunas personas me lo habían hecho notar, una parte de mi se negaba a creerlo, hasta que fue demasiado obvio. Ese chico tuvo a los Fab Five para ayudarlo, yo no los tengo a ellos, pero tengo a mis Fab Two, y me tengo a mi mismo. Y sé que me convertiré en ese hombre que quiero ser, no tengo dudas. 



PETER PAN

De niño, igual que muchos otros niños trans, no tuve todas las cosas que me hubiera gustado, todas esas veces que pedí un balón llegó una muñeca, todos los partidos de futbol a los que quise ir fueron visitas a mis primas, la camiseta de Superman fue una de Wonder Woman, la habitación azul fue rosa.
Cuando comencé a tener mi propio dinero, después de cambiar mi guardarropa por uno más acorde con quien soy, empecé también a comprar todas esas cosas que quise de niño, comencé una colección de Hot Wheels que ahora supera los cien autos, más de treinta figuras de acción de superhéroes adornan ahora mis repisas, tengo más camisetas de cómics que de cualquier otro tema, y mi habitación parece la de un chico de secundaria. Fue genial ver materializados los sueños de ese niño, claro. Pero en el camino de darle la infancia que nunca tuvo, olvidé que hay un yo adulto también, que necesita tener sus propias vivencias y seguir creciendo.
La historia de Peter Pan parece atrapar a niños y adultos por igual. Ese niño que nunca crece, que vive miles de aventuras siempre, que es feliz en su mundo, con sus amigos. Aunque no es un término validado por la psicología ni aparece en los manuales psiquiátricos, mucho se habla del “Síndrome de Peter Pan”, de esta resistencia a crecer que experimentan muchas personas y que parece ser bastante frecuente en las personas trans que buscan darle a ese niño o niña que no pudieron ser, las cosas que siempre quisieron.
Pero ¿Qué pasa realmente con Peter Pan? Crecer es parte de la vida, madurar es una de las cosas que nos hace humanos, esa capacidad de aprender de las experiencias diarias es lo que nos hace seguir adelante, y francamente, creo que aprender es una de las principales razones de nuestra existencia. Peter Pan podrá ser muy divertido, pero no crece, no avanza, y en un lugar como Nunca Jamás, no tiene ya más que aprender, se ha quedado estancado, condenado a vivir el resto de sus días en busca de otros niños que puedan añadir algo de variedad a su rutina.
Transicionar puede ser un proceso psicológica y emocionalmente desgastante, pero no debe de ser una experiencia que nos detenga ni nos limite, no transicionamos para ser los niños que no pudimos ser, sino para ser los hombres que queremos ser.
Justo ahora atravieso por ese proceso, y admito que salir de la zona de confort en la que incluso mi familia me ve como un niño es un poco más complicado de lo que pensé, pero me he dado cuenta de que hay un mundo de experiencias por vivir que realmente quiero experimentar y que me ayudarán a ser ese hombre que de niño anhelaba en convertirme, ese hombre que sé que puedo llegar a ser.
Por mucho tiempo traté de escapar de experiencias que pudieran dolerme, evité enfrentar cosas que pudieran lastimarme, incluso llegué a encapsular mis emociones y disociarme con tal de no tener que experimentar emociones desagradables, sin darme cuenta de que todas esas experiencias serían lo que me harían crecer. Hace un par de meses dejé de huir de las cosas, me permití sentir y experimentar, y sí, han pasado cosas que me han dolido, pero también me he sentido tremendamente liberado al poder sentir mis emociones y dejarlas salir. He aprendido mucho más de mi mismo y descubrí que soy capaz de cosas que no tenía ni idea. Hace un par de días, platicando con una de las personas más importantes para mí, me di cuenta de que voy por buen camino, pues aunque no puedo decir que de golpe me convertí en el hombre de 28 años que soy, pude sentir cómo algo dentro de mí cambiaba y me acercaba más a ser ese hombre. Al poder dejarle claras mis emociones y mis intenciones a esa persona comprendí que soy mucho más yo mismo de lo que era hace unos días, y que puedo ser ese que quiero ser si sigo por el camino de dejar de tener miedo a mis emociones y continúo abrazándolas y comprendiéndolas.  
Cuando era niño, una de las partes más preocupantes de crecer, era pensar que me convertiría en uno de esos adultos aburridos que trabajan todo el día, nunca sonríen y no tienen tiempo para divertirse. Al ser un niño dentro del espectro autista, me costaba entender que existiera otro tipo de adulto, pues todos los que me rodeaban parecían ser los hombres de gris que aparecen en Momo de Michael Ende. Para mí, ser niño significaba mantener esa chispa, ese amor por la vida, esa frescura y espontaneidad, esa capacidad de maravillarme por lo que me rodeaba. No conocía ningún adulto que pensara así, por lo tanto, me parecía algo que se perdía al crecer. Cargué con esa idea por muchos años, incluso al entrar en la “edad adulta” la mantuve, pues todas esas personas geniales que conocía, comenzaron a convertirse en hombres (y mujeres) de gris. Y como todo en la vida… o al menos en la mía, vives creyendo que todo el mundo es igual, hasta que te topas con alguien que no. Me encontré con personas geniales que tienen un trabajo, una vida independiente, estabilidad, experiencias… me topé con adultos, que de algún modo consiguieron seguir amando la vida, mantuvieron esa chispa y esa capacidad de maravillarse con lo que les rodea, que no perdieron el concepto de diversión y que cuando sonríen, dejan ver a ese niño vivo en el cuerpo de ese adulto. Me di cuenta de que eso es lo que siempre he querido, ser ese adulto que puede seguir siendo un niño, ser un adulto que no es un hombre de gris, sino un arcoíris.
Comparto esto porque sé que hay muchos chicos como yo, que por una u otra razón se encuentran estancados, en esta zona de confort, porque sé lo difícil que puede llegar a ser, y porque yo tampoco sabía por donde empezar. Creo que lo más importante es comprender que no podemos recuperar el tiempo perdido, sonará triste, pero no podemos vivir esa infancia que no vivimos en su momento, no podemos volver en el tiempo a darle a ese niño lo que quería, y mucho menos podemos convertirnos en ese niño. Lo que podemos hacer es entender que cada etapa tiene sus retos, pero también sus maravillas, sus aprendizajes, que cada instante es valioso y único, irrepetible, y que no tiene caso intentar revivir una etapa, cuando eso provoca que nos perdamos de otra. No podemos vivir a destiempo.
Crecer es avanzar, es no detenerse, es seguir aprendiendo. Y al crecer tenemos dos opciones, podemos crecer como el mundo nos pide que lo hagamos, o podemos trazar nuestro propio camino. Probablemente lo segundo sea lo más complicado, por eso tan pocas personas lo hacen, pero también es lo más satisfactorio, y lo que nos permitirá no perdernos a nosotros mismos en el proceso de construirnos como adultos.
¿Sigue pareciendo demasiado complicado? No partas de cero, ten un plan y síguelo. Define qué es lo que quieres lograr, hasta dónde quieres llegar y lo que estás dispuesto a hacer para conseguirlo. Define en qué tipo de hombre te quieres convertir. Entra en acción y no cedas ante las adversidades, trabaja arduamente, aprende de tus errores y sigue avanzando hasta conseguirlo, sólo así llegarás tan lejos como te lo propongas. Sólo así te convertirás en el adulto que quieres ser y no en el que el mundo te obligue a ser.
Y recuerda, se vale invertir en las cosas que te gustan, se vale reír cada que quieras, se vale tomarse un respiro y divertirse. Y si quieres comprar ese auto a control remoto o esa consola de videojuegos, está bien, cómpralo. Pero no lo hagas para un niño que ya no existe, hazlo para el adulto que eres. Y si a ese adulto dejan de gustarle esas cosas también está bien, sigues siendo tú. Eso es lo más importante, que sigas siendo tú. 

Nadir Kampz

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Normal

Dismorfia y disforia

¿Cómo ser un hombre?