Autocuidado

Esta no es una guía de autocuidado, no es el consejo de un psicólogo, ni una serie de pasos, este es más bien un texto personal donde hablo de mi vivencia, de como me reencontré con la dicha de cuidar de mí después de haberlo olvidado por un tiempo. Más adelante si quieren puedo escribir una entrada desde una perspectiva psicoterapéutica, esta vez quiero compartirlo así con ustedes, porque creo que es importante saber que el autocuidado no es solo comer sano, ir al médico, dormir a tus horas y cuidar tu higiene, abarca muchas cosas más. Muchas gracias por leerme, este blog también es parte de ese proceso, así que les agradezco mucho a los que se toman el tiempo de leer lo que publico. 


AUTOCUIDADO

 

Durante mi ultima relación me dejé mucho de lado, prioricé a la otra persona y me olvidé un poco de mí, tal vez no suene tan grave, no dejé de comer ni me desvivía por él, pero dejé de expresar mis emociones y necesidades, hice girar mis círculos sociales en torno suyo, y mis ingresos de dinero regularmente se ocupaban en comprarle cosas o en salir con él. Me parecía algo completamente normal querer invertir todo el tiempo y esfuerzo en la relación, querer demostrarle mi amor con regalos y tiempo compartido. Dejé de lado algunos pasatiempos que en serio disfrutaba, como la lectura o la escritura. Incluso después de que terminó la relación, seguía invirtiendo gran parte de mi tiempo en él. Nunca me pareció un sacrificio o una obligación, cada uno de esos momentos realmente lo disfrutaba y era algo voluntario y de corazón, pero las cosas que eran para mí poco a poco dejaron de figurar en mi lista de prioridades.

Cuando me di cuenta había pasado más de un año. Tenía una torre enorme de cómics y mangas sin leer, muchísimas lecciones de retraso en mi curso de francés, cerca de un año sin actualizar mis fanfics, y me sentía completamente perdido, solo y vacío. Tenía todo ese tiempo libre ahora que no lo ocupaba en pasar horas con él, platicando con él, o haciendo cosas para él, y todo este dinero, que nunca fue mucho, pero desaparecía al instante para darle el regalo perfecto. Las primeras semanas fueron tiempo perdido, pasaba horas con el celular o frente a la televisión, ni siquiera mis voces internas eran capaces de motivarme a hacer algo, perdí un poco la noción del tiempo, descuidé mi alimentación, abandoné el ejercicio y aumenté varios kilos. Y aunque en mi interior empezaban a pasar muchas cosas, afuera me había convertido en un fantasma que vivía por inercia.

Una de mis voces internas, casi a gritos y empujones, me hizo caer en la cuenta de lo mal que estaba, no importaba a que tantas personas les dijera que estaba bien. No lo estaba. Necesitaba salir del pozo en el que me estaba hundiendo. Hice cita con mi terapeuta en ese instante para no arrepentirme luego.  

Ese simple mensaje para agendar una cita fue el primer paso en empezar a cuidar de mí mismo. Entre mi primera sesión de terapia y una serie de diálogos internos me di cuenta de que sí había algo qué hacer con todo ese tiempo, esos recursos, todas esas ideas de cosas bonitas que hacer por mi ex pareja. Podía dármelas a mí, podía invertir en mí, consentirme a mí, dedicarme tiempo a mí. Podía darme todo ese amor a mí, podía hacer florecer mi interior.  Con mi terapeuta saqué todas esas cosas que llevaba cargando, mi lado emocional se desbordó, todo el peso de sentirme insuficiente y poco digno de amor, esa necesidad de ser amado y hacer todo para conseguirlo. Descubrí esa tendencia a replicar cierto patrón al buscar amor en personas muy similares a quien en su momento me lo negó y me marcó para siempre. En cada sesión hablamos muchísimo, cada vez escarbamos más hondo, encontrando cosas nuevas en las que trabajar.

El segundo paso para cuidar de mí fue entender eso que ya había aprendido años atrás y parecía haber olvidado, este cuerpo es el envase de lo que soy y de todo lo que vive dentro de mí. No podía descuidarlo de esa manera. Vi fotos de mi cumpleaños 28, el chico de esas fotos en serio lucía bien, seguro de sí y de su cuerpo, el espejo en cambio me regresaba a ese chico que volvía a ponerse regordete y que me miraba con ojos cansados y aspecto desaliñado, acostumbrado a no preocuparse por su aspecto, en tiempos de pandemia y aislamiento qué mas daba.  Me fijé una meta, nada sobre exigente, nada fuera de mis capacidades, solo una meta simple. Empezar a cuidar de mi cuerpo en serio. Para eso necesitaba romper con algunos hábitos, no era simplemente alimentarme mejor o hacer ejercicio, cosa que mantenía por inercia antes, se trataba de realmente disfrutar de esa comida, de prepararla con cariño para mí en lugar de comer lo que encuentro, de darme algún gusto sin el mar de culpas. Se trataba de hacer actividad física que en serio me guste y me haga sentir vivo y despierto.

No soy buen cocinero, pero ahora intento cocinar cada que puedo, miro recetas en internet y hago las que me gustan, yo no solía ser una persona que comiera por gusto, salvo contados alimentos, regularmente comía porque sé que mi cuerpo lo necesita. Ahora estoy descubriendo el placer de tomarme el tiempo de cocinar algo, ir haciendo pruebas de sabor y combinar ingredientes hasta que el resultado me gusta y realmente puedo decir que disfruto ese platillo. Comerme un helado pasó de tomar la cuchara y tomarlo del bote a ponerlo en un plato, acompañarlo de galletas y un poco de frutas… empecé a disfrutar de alimentar y de consentir a mi estómago.

En cuanto al ejercicio, abandoné la aplicación que estaba usando, las rutinas se volvieron tan repetitivas que me daban tedio y no las hacía, en mi búsqueda de algo más me reencontré con una de mis viejas pasiones. Soy descoordinado y torpe, un mal bailarín en serio, pero de niño me encantaba el Pump It Up, ese juego de baile en que debías seguir las flechas pisando un tapete, con la tecnología llegó el Just Dance, abriéndose a una mayor variedad de pasos, año con año compraba cada edición del juego, pero lo dejé junto con el resto de pasatiempos y ahora la consola no sirve. Por suerte me encontré muchos de los videos en Youtube, no es lo mismo, claro, no hay un sensor de movimiento que mida tu progreso, pero sigue siendo algo muy dinámico y divertido. También encontré algunos canales de “cardio dance”. Seguir esos pasos, esas rutinas, sentir la música y el ritmo realmente me hace sentir vivo y hacen que disfrute muchísimo moviéndome, un impulso interno me dice “No te detengas, la vida es movimiento”. 

Ya estaba cuidando mi cuerpo y mi salud mental, y en serio comenzaba a sentirme mejor, pero seguía extrañando al chico apasionado que podía devorar un libro en un par de días o escribir toda una historia en unas horas, que podía encontrarse ansioso con una hoja en blanco y unas horas después estaba mucho más tranquilo y con la hoja llena de color, el chico que ponía todo de sí en una clase de francés o leyendo de ese trastorno tan poco estudiado. Sabía que no podía obligarme a hacer las cosas, no funciona así, pero para recuperar esa pasión tenía que enamorarme otra vez de esas cosas, o tal vez de cosas nuevas, estaba abierto a esa posibilidad, en eso consistía mi tercer paso.

No fue complicado volver a enamorarme de esas cosas, el amor siempre estuvo ahí, solo se perdió el contacto. Desde el primer momento en que me senté frente a la computadora y mis dedos comenzaron a moverse entre las teclas volví a ser ese chico, las historias comenzaron a fluir otra vez, a veces con dolor, porque tiendo a poner mucho de mis emociones en ellas, a veces con una sonrisa en el rostro porque las cosas que me están haciendo florecer por dentro se están reflejando en esas letras. También comencé a llevar un diario, para todas esas cosas que no puedo publicar, pero necesito expresar, creo que ha sido una de las cosas mas hermosas y sanadoras que he hecho.

Mi reencuentro con los libros costó un poco más, sabía que libro necesitaba leer, ese que siempre ha sido un faro de luz para mí, ese que siempre me regresa la esperanza, pero ahora… ese libro está lleno de recuerdos, recuerdos hermosos, pero que ante la noción de pérdida duelen, a la fecha no me he atrevido a acercarme a ese libro, la herida no ha sanado todavía. Mi niño interior salió al rescate, apenas una ligera influencia, pero pude sentirlo, necesitaba a Superman, tanto como lo necesitaba de niño, así que me acerqué a los cómics y fui ese niño otra vez, emocionado al ver a los X-Men peleando por el derecho a ser ellos mismos, conmovido al ver a Superman levantarse una vez más para proteger a los indefensos, inspirado por Spiderman para ser la mejor versión de mí.

Para las clases de francés y el estudio de la mente fue mi lado lógico el que me dio el empujón. Mi necesidad de entender todo lo que pasa en mi interior y mi alrededor me reencontró con la pasión de saber más. Me sumergí en videos informativos, artículos y libros, y como casi siempre, surgió la necesidad de que esos conocimientos no quedaran solo en mí, así que empecé a trabajar en un par de proyectos divulgativos. Para el francés encontramos un punto medio, sigo con mis lecciones, pero le encontré el lado motivante escuchando música y viendo películas en ese idioma. Empecé a hacer más cosas, ese tiempo que sentía que me sobraba no supe a donde se fue, porque necesité hacer un horario para tener tiempo de hacer las cosas que quería.

Lo relató en forma de pasos porque así fue para mí, empezar a cuidarme en un aspecto me llevaba a hilarlo a otro. Así que, entre el cuidado del cuerpo, mis sesiones de terapia y lo que aprendía en los libros llegué al cuarto paso. Yo, que siempre hablaba de la reconciliación con la sexualidad y la belleza del erotismo, también descuidé mucho esa parte de mí. Había tantas cosas que quería probar y que nunca tuve el valor de expresar en pareja, me sentía tan poco deseado, que entendía que no fuera tocado. Tal vez esta haya sido la parte más difícil para mí, cargo aún con disforias y dismorfias, además de algunas cuestiones internas que han sido difíciles de sobrellevar, la idea de no ser deseable persistía en mi mente. Pero ese impulso interno me recordó que la sexualidad no tiene que ejercerse solo en pareja, me llevó a explorar eso que siempre quise, sin miedos ni culpas. Aun lidio con algunas cosas, pero avanzo a mi ritmo, me abrí a explorar, a disfrutar, a conocer… experimentar el placer por mi propia mano me hizo sentir deseable, sentir ese impulso interno lleno de deseo me hizo ver que puedo gozar de todo lo que yo desee, que la imaginación es el límite.

Mientras los días pasaban y empezaba a cuidar más de mí en todos los aspectos, las cosas en mi interior comenzaron a armonizarse de maneras hermosas, y las cosas en mi exterior comenzaron a florecer también. No he perdido todos los kilos que he ganado, ni he aprendido todo lo que me gustaría, pero la imagen que me regresa el espejo es otra, una de un chico mucho más sereno, sin ese peso sobre los hombros. Me perforé la ceja, cosa que llevaba años queriendo hacer, pero nunca hice por el “¿Qué dirán?”, incluso me sentí sexy, cosa que no solía pasarme por la cabeza. Dejé salir todas esas partes de mí que esperaban ansiosas por salir. Las cosas mejoraban, me sentía más feliz, pero aún había un quinto paso en mi autocuidado, uno con que aun ahora me cuesta trabajo. Cuidarse a uno mismo también es saber perdonar, es soltar. Me está costando un trabajo enorme entender que hay muchas cosas que no fueron mi culpa, que hice lo que pude con las herramientas que tenía, que me esforcé tanto como pude. Poco a poco, pero las cosas mejoran, entiendo esas partes de mí que cargan con dolor y resentimiento, con rechazo, dudas y culpa, estoy cuidando de ellas, demostrándoles que se merecen amor, y que no vamos a buscar ese amor en otros lados, vendrá del interior.

Sé que puedo tener recaídas, suelo tenerlas cada dos por tres, pero algo maravilloso que pasa cuando empiezas a cuidarte es que descubres lo que necesitas realmente, lo que quieres, lo que te hace feliz, y cuando te das cuenta de todo eso el mundo se abre por completo para ti, es difícil abandonar eso. Además, mis voces internas me animan y me motivan para no rendirme. Es un proceso que no pienso abandonar, porque como dijo ese impulso, voy a encontrar todas las cosas hermosas que hay en mi interior, voy a construir cosas geniales dentro de mí, voy a brillar por mí mismo, para que la próxima vez el brillo de los otros no me haga olvidar que yo también brillo.  

 

Nadir Kampz


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