Lluvia de estrellas
La historia que leerán a continuación es ficción, y para nada refleja la realidad de todas las personas poliamorosas y sus relaciones, es solo una representación. Sin más por el momento, les presento "Lluvia de estrellas".
LLUVIA DE ESTRELLAS
Una historia de Nadir Kampz
─ ¿Telescopio?
Aquí ¿Tienda de campaña? Aquí ¿Linterna? Aquí ─ Alan se ajustó los lentes, ya
había revisado que llevaba todo antes de salir de casa, pero quiso hacerlo
también al llegar al campamento, por si había olvidado algo en el autobús, o al
registrarse en la entrada ─ ¿Maleta? Aquí ¿Víveres? Aquí. Creo que no falta
nada.
La zona de acampada era un hermoso paraje,
había visto en el folleto que además de la zona de avistamiento grupal, donde
la Universidad pondría telescopios a la disposición de todos, los campistas
podían elegir dónde colocar sus tiendas y sus telescopios propios, incluso
había un lago. Él llevaba su propio telescopio, y no le gustaba demasiado el
ruido, así que caminó hasta el área más alejada, tanto que al parecer solo
tendría un vecino, una enorme tienda de campaña a varios metros de ahí. Eligió
un sitio descampado, no había arboles a su alrededor así que podría ver el
cielo nocturno sin alejarse de su tienda.
El chico sacó la caja que contenía la tienda de
campaña. Miró con atención las piezas alargadas de metal y la enorme pieza de
tela… “Debí intentar armarla en casa primero” El instructivo no ayudaba, era un
dibujo nada proporcional del procedimiento de ensamblado. “Veamos, creo que
primero debo armar estos”.
Alan se ajustó los lentes nuevamente y comenzó
a ensamblar las varillas, al menos eso fue sencillo, solo tuvo que unir las
varillas A con las B y usar los conectores C, después usar los conectores D
para formar un prisma rectangular. Estiró la tela sobre el pasto, bastante
concentrado en su tarea.
─ Yo no pondría esa tienda ahí ─ Alan levantó
la mirada, frente a él hablaba un chico de tez morena y ojos verde oscuro,
llevaba un pantalón cargo negro y una camiseta verde y ajustada, dejando
adivinar bajo la ropa un cuerpo trabajado. Alan pensó que el chico era bastante
atractivo, así que se sonrojó un poco ─ Tal vez tengas buena visibilidad del
cielo nocturno, pero nosotros llegamos ayer y puedo decirte que desde mediodía
el Sol es horrible. El material de tu casa absorberá el calor y sentirás que
estás en un horno.
─ ¿Entonces dónde la pondrías? ─ preguntó Alan
poniéndose de pie.
─ Bueno… ─ respondió el chico con una sonrisa
muy particular recorriendo a Alan con la mirada.
─ ¡Leo! ¡No lo vayas a alburear! ─ Un chico de tez
blanca, cabello rizado y ojos azules se acercó corriendo
─ ¿Qué? ¿Yo qué? ¿Él solito se puso? ─
respondió Leo soltando una carcajada. A Alan le tomó unos segundos procesar por
qué aquello podría ser un albur, cuando entendió se puso rojo.
─ Lo mejor será que pongas la tienda por acá ─
comenzó a decirle el chico de ojos azules señalando el terreno junto a su
tienda. Alan se le quedó mirando fijo, él llevaba jeans azules y una camiseta
blanca de mangas largas algo suelta, también le resultó atractivo. “Con mi
suerte o son hetero o son novios” pensó Alan conteniendo un suspiro ─ Los
árboles nos protegen del Sol y es más fácil dormir por la noche si te molesta
la luz.
─ Si lo que quieres es ver el espectáculo,
entonces sí puedes poner tu telescopio por allá ─ Leo señaló hacía donde Alan
se encontraba, al estirar el brazo sus músculos se marcaron en la camiseta
verde ─ Nosotros hemos venido a eso. ¿Tú también? ¿Vienes solo?
─ Sí, no me perdería esta lluvia de estrellas
por nada del mundo, además siempre quise venir a acampar aquí ─ explicó Alan
con una sonrisa ─ No había quien me acompañara, pero decidí venir de todos
modos.
─ No te preocupes, yo tampoco tengo muchos
amigos ─ dijo el chico de ojos azules dándole un par de torpes palmadas al
hombro de Alan, Alan sintió que su corazón se aceleraba un poco ─ Por suerte mi
novio es un ñoño, aunque sea de closet ─ “Gays, pero pareja, al menos mi radar
ya no está tan mal” pensó Alan.
─ Pffff No soy un ñoño, sólo me gusta entender
cómo funcionan las cosas ─ dijo Leo encogiéndose de hombros ─ ¿Tú eres científico
o algo?
─ No, para nada, soy escritor ─ respondió Alan
sacando de su bolsillo trasero una libreta con forros de piel ─ Me encanta la
astronomía, y bueno, esperaba encontrar algo de inspiración aquí.
─ Oh, yo también, yo también ─ dijo Leo
emocionado, salió corriendo en dirección a su tienda y volvió unos segundos
después con un bloc de dibujo, abierto en una pagina con el dibujo de un lago a
medio terminar.
─ ¡Vaya! Estaré rodeado de artistas entonces ─
exclamó el chico de ojos azules con una dulce sonrisa.
─ Trae tus cosas, te ayudaremos con eso…
escritor ─ dijo Leo levantando la estructura de varillas.
─ Jajaja, Alan, me llamo Alan ─ respondió él
ajustándose los lentes, era una de sus manías ─ Leo ¿Verdad?
─ Sí, Leo ─ dijo el chico tocándose el pecho
con una mano ─ Julián ─ añadió señalando al chico de ojos azules.
Alan los siguió, Leo colocó la estructura a
unos metros de su tienda. La tienda de Leo y Julián era enorme, además iban muy
bien preparados, frente a la tienda había una mesa plegable y dos sillas de
lona, cerca de ahí una parrilla con los restos de carbón aun emanando calor.
Bajo la mesa había una enorme hielera y una bocina inalámbrica. A unos metros
de la tienda estaba estacionada una camioneta roja. Julián encendió la bocina, puso
música de Coldplay y sacó algunas cosas de la hielera.
─ Ponte algo más moviendo mejor ─ dijo Leo
mientras volvía a unir algunas piezas en la estructura, a Alan le había faltado
aplicar algo de fuerza.
─ A mí me gusta Coldplay ─ comentó Alan
encogiéndose de hombros y entregándole el instructivo a Leo.
─ Ah, un chico conocedor, muy bien ─ respondió
Julián con una sonrisa ─ ¿Ves, Leo? A nuestro nuevo amigo le gusta ─ Leo
sonrió, era raro que Julián se llevara bien con alguien tan rápido, y más raro
que lo llamara amigo.
Mientras Leo y Alan armaban la tienda de
campaña, Julián preparó algunos bocadillos, en algún momento el chico de ojos
azules había subido el volumen de la bocina y empezado a cantar. A pesar del
volumen, Alan alcanzaba a escucharlo cantar, tenía una voz muy linda, aunque al
parecer le apenaba cantar en alto.
Media hora después la tienda estaba lista y las
cosas de Alan dentro. El chico de lentes sonrió, agradecido por haberse
encontrado con ellos, de no ser así hubiera pasado el día bajo el Sol y su
tienda se habría venido abajo con el peso de la tela.
─ Ven a comer algo con nosotros, Alan ─ dijo
Leo cuando terminaron de montar la tienda.
─ Claro ─ Alan y Leo se acercaron a la mesa, Julián
había sacado un banco de plástico de la camioneta. Leo se sentó en el banco,
dejándole a Alan la silla.
─ Hice sándwiches de jamón con queso, hay con
pan y con pepino ─ dijo Julián dándole un plato a cada uno ─ Sírvete lo que
quieras Alan.
Alan le sonrió a Julián y asintió con la cabeza,
sirviéndose un par de sándwiches de pepino y uno de pan.
─ ¿Coca? ¿Agua? ¿Una cerveza? ─ preguntó Leo
desde debajo de la mesa.
─ Una coca está bien, muchas gracias ─
respondió Alan. Leo salió de la mesa con un latón de cerveza, una lata de
Coca-Cola y una botella de agua.
─ ¿Llevan mucho tiempo juntos? ─ preguntó Alan
después de dar su primer bocado, no era muy bueno conversando, pero hacía el
intento.
─ Un par de años ─ respondió Julián con una
sonrisa.
─ Y unos cuantos más de conocernos ─ agregó Leo
─ ¿Y tú? ¿Tienes novia… novio? ─ preguntó guiñándole un ojo a Alan.
─ ¡Leo! No seas imprudente ─ exclamó Julián
ligeramente sonrojado.
─ Ay, vamos, estamos en 2020… y yo no me
equivoco con esas cosas ─ se defendió el chico.
─ Jajaja, no, no tengo novio ─ respondió Alan
con un ligero sonrojo, él siempre había pensado que no era tan fácil para los
demás darse cuenta de que era gay.
─ Bueno ¿Algún ligue? ¿Un “quever”? ¿Sexfriend?
─ insistió Leo, sus ojos tenían un brillo peculiar, Julián le dirigió una
mirada desaprobatoria, el sonrojo aún no abandonaba sus mejillas.
─ No, nada de eso ─ respondió Alan llevándose
la mano al cabello, un gesto que solía hacer cuando estaba nervioso.
─ No te creo ─ dijo Leo dejando su cerveza
sobre la mesa y acercándose más a Alan ─ Eres lindo, tienes cara como de ser el
“twink” favorito de un atractivo “sugar daddy”.
─ ¡Leonardo! ─ gritó Julián completamente rojo,
seguramente Leo ya se había dado cuenta de que Alan le gustaba y quería obtener
más información.
─ ¿El “twink” de un “sugar daddy”? No soy tan
joven como parezco ─ respondió Alan imaginando que, como casi todo el mundo,
Leo no le había calculado más de veinte años.
─ ¿Por qué? ¿Cuántos años tienes? ─ preguntó Julián
más calmado.
─ Estoy por cumplir 29 ─ respondió Alan con
naturalidad, los rostros de sorpresa no se hicieron esperar, aunque había algo
más en ellos, cierto alivio.
─ Yo tengo 29 ─ dijo Julián con una sonrisa ─ Y
Leo acaba de cumplir 25.
─ Bueno, tal vez un “sugar” no, pero ¿En serio
no sales con nadie? ─ preguntó Leo de nuevo.
─ Soy malo socializando ─ intentó explicar Alan
─ Y paso mucho tiempo en casa escribiendo, así que no conozco mucha gente.
─ Bueno, ahora nos conoces a nosotros ─ dijo
Leo guiñando el ojo, haciendo que Alan se pusiera nervioso, se sonrojara y
sintiera un cosquilleo por dentro.
─ Alan, mejor cuéntanos, dijiste que eres
escritor ¿Qué haces exactamente? ¿Dónde públicas? ─ preguntó Julián tratando de
desviar la atención pues también se había puesto nervioso.
─ Bueno, justo ahora estoy escribiendo mi
primera novela ─ dijo Alan levantando el cuaderno que siempre llevaba con él ─
Y tengo una columna en el periódico, hablo de temas variados, disidencia
sexual, neurodivergencias, ciencia, arte, cultura, todo anclado a lo diverso.
─ Weeeey ¿Todavía existen los periódicos? ─
preguntó Leo, soltando una carcajada para dejar ver que era broma.
─ ¿Y ustedes? ¿A qué se dedican? ─ las
preguntas de Alan casi parecían salidas de un manual de conversación.
─ Yo soy ilustrador, hago ilustraciones por
comisión, la semana pasada terminé las ilustraciones de un libro de historia ─
respondió Leo mostrándole las ilustraciones desde el celular, el chico era
realmente talentoso, con un estilo muy particular y llamativo ─ Además… bueno,
eso no me da mucho dinero, pero me encanta. Tengo un webcómic, es sobre
mitología, dioses griegos, egipcios, nórdicos, todos viviendo y conviviendo en
el mismo universo ─ Leo le mostró algunas viñetas, el estilo era diferente, más
oscuro y realista, a Alan le encantaron.
─ ¿Y tú Julián? ─ preguntó Alan luego de
terminarse su Coca-Cola de un trago.
─ Doy clases de Física en la Universidad ─
respondió Julián con una sonrisa llena de orgullo ─ Y la astronomía me apasiona,
así que… heme aquí.
─ ¿Se conocieron en la Universidad? ─ preguntó
Alan interesado.
─ No exactamente, es una historia curiosa,
aunque un poco personal ─ respondió Julián ─ Tal vez te la contemos luego.
─ Bueno chicos ─ dijo Leo levantándose del
banco ─ Debo aprovechar las horas de luz que me quedan, ese lago no se va a
terminar solo.
─ Sí, claro, yo también debo aprovechar para
escribir algo antes de que anochezca ─ Alan se levantó de la mesa, aplastó su
lata vacía y se la entregó a Julián junto con el plato ─ Muchas gracias por
todo.
─ Oh, al contrario, fue un placer que nos
acompañaras ─ dijo Leo con esa sonrisa que a Alan ya comenzaba a resultarle
familiar.
Alan echó a andar, escuchó un par de cuchicheos
ininteligibles tras de él, y luego la voz de Julián.
─ ¡Alan!
¿Quieres ver la lluvia de estrellas con nosotros? ─ preguntó Julián con un
ligero sonrojo adornado sus mejillas, Alan lo miró y sintió que era lo más
lindo que había visto.
─ Claro, me encantaría ─ respondió Alan
sintiendo que se sonrojaba también, volviendo a llevar la mano a su cabello.
─ Bueno, entonces nos vemos antes de que
oscurezca ─ sugirió Julián con una enorme sonrisa.
─ Claro, nos vemos en un rato ─ Alan caminó en
dirección a su tienda de campaña. Tomó una sudadera por si el clima refrescaba,
una botella de agua, y se aseguró de llevar consigo sus audífonos, un bolígrafo
y su libreta.
Alan caminó por el bosque hasta llegar a un
sitio donde la luz le pareció adecuada y el clima agradable. Trepó un árbol, una
de las pocas cosas que no se le daba tan mal, y se puso a escribir. Al
principio en serio intentó seguir el hilo de su novela, un thriller de misterio
en el que un chico psicópata funcional, sublimaba sus deseos en relatos de
ficción, y que luego es acusado de asesinato al descubrirse que una serie de
asesinatos, idénticos a sus relatos, están sucediendo por la ciudad. Pero por
más que lo intentaba, Alan no lograba concentrarse, a su mente llegaban los
ojos azules y los verdes, la sonrisa nerviosa y la coqueta. No entendía qué le
estaba pasando, claro que Leo era muy atractivo, y Julián encantador y dulce, justo
su tipo, pero nunca, nunca, le habían gustado dos chicos al mismo tiempo.
Además, eran tan distintos, que Alan no terminaba de entenderlo.
“El chico de los ojos de cielo tiene una
sonrisa encantadora y sincera, habla poco pero cuando lo hace desborda luz,
iluminando todo a su alrededor. El chico de los ojos de bosque, en cambio,
tiene una sonrisa seductora y una mirada intensa, habla mucho y siempre está
sonriendo, contagiándome de su energía.”
Alan abandonó sus intentos de continuar su
novela esa tarde, y se puso a escribir lo que ocupaba sus pensamientos en ese
momento.
“Si cierro los ojos puedo imaginarme sus
besos, los del chico de los ojos de cielo son dulces, calmos y cálidos. Los del
chico de los ojos de bosque son intensos, salvajes, apasionados. Las manos del
primero recorren tímidamente mi espalda, las del segundo se dirigen más al sur
sin ningún pudor…”
Alan llevaba ya seis páginas de fantasías
cuando notó que el Sol comenzaba a ponerse, sentía calor, pero ni siquiera
había tocado la botella de agua. Bajó del árbol de un salto, tomó un largo
trago de agua, se guardó la libreta y regresó a su tienda de campaña.
Julián y Leo ya estaban montando su telescopio,
además de una cámara fotográfica. Alan entró a su tienda y escondió la libreta
bajo su almohada, hace unas horas había pensado en mostrarles el avance de su
novela, ahora se sonrojaba por completo solo de imaginar que alguno de los dos
leyera lo que se había puesto a escribir. Respiró profundamente unas cuantas
veces para tranquilizarse y tomó la caja con su telescopio.
Alan iba leyendo la caja de su telescopio
mientras caminaba rumbo al terreno donde estaban ellos, cuando levantó la
mirada, Leo tenía a Julián sujeto por la cintura y lo besaba apasionadamente,
ambos lucían ligeramente sonrojados por la intensidad del momento. Alan,
recordando que justo así había imaginado los besos del chico, se puso rojo y
dio un par de pasos atrás, tropezando con una rama y cayendo de espaldas,
soltando la caja del telescopio.
Julián, al darse cuenta que Alan estaba ahí, se
sonrojó aún más, y corría a darle una mano a Alan.
─ Lo siento, no quería interrumpir ─ se
disculpó Alan levantándose del suelo, apenado.
─ No te preocupes ─ dijo Julián negando con la
cabeza ─ ¿Estás bien?
─ Sí, estoy bien ─ respondió Alan frotándose un
poco la espalda ─ ¿Y Andrómeda?
─ ¿Qué? ¿Quién? ─ preguntaron los dos chicos a
coro.
─ Mi telescopio ─ dijo Alan recogiendo la caja
que había caído un par de metros a la izquierda.
─ ¿Le pusiste nombre a tu telescopio? ─
preguntó Leo entre carcajadas ─ ¿En serio?
─ Bueno… sí ─ respondió Alan revisando el
estado del contenido de la caja.
─ Entonces… ¿Querías unirte? ─ dijo Leo con una
sonrisa coqueta, guiñándole el ojo.
─ ¿Qué? No, yo… ─ Alan tartamudeó sonrojado, de
inmediato en su mente se apareció la imagen de él uniéndose a aquel beso ─ Yo
sólo venía caminando…
─ Jajaja ─ Leo se acercó a Alan, quedando justo
frente a él, le quitó la caja de las manos rozando las manos de Alan en el
camino, haciendo que este se estremeciera ─ Que si querías unirte a ver la
lluvia de estrellas.
─ Ah, sí, eso, claro ─ respondía Alan sintiendo
como su temperatura iba en aumento, seguro estaría completamente rojo.
─ ¿Qué pensabas tú? ─ preguntó Leo fingiendo
una sonrisa inocente.
─ No, nada… ─ Alan tomó la caja de vuelta y se
puso a armar su telescopio.
Al terminar de montar los
telescopios y dejar todo listo ya había oscurecido, pero tenían sus linternas,
y la luz de las estrellas.
La lluvia de estrellas fue
un espectáculo hermoso, Leo tomaba algunas fotos, mientras los tres se turnaban
a mirar con el telescopio de Julián, que era el mejor. Alan se sentía muy
cómodo con ellos, nunca se había sentido así, parecía que los conocía de mucho
tiempo atrás. Y sentía que a cada segundo le gustaban más.
A veces, inclinados sobre
el telescopio, las manos de Julián y Alan se tocaban, provocándole sonrojos a
ambos, Alan se sentía tonto por pensar aquello, pero sentía mariposas en el
estómago. Platicaban de estrellas y constelaciones, de libros y música.
Otras veces era Leo quien
se acercaba, se asomaba por encima del hombro de Alan para observar alguna
cosa, casi pegando su cuerpo al del chico, que no dejaba de ajustarse los
lentes o tocarse el cabello por los nervios. Leo contaba alguna leyenda o mito
relacionado con las estrellas, capturando la atención de Alan, y claro está, de
su novio.
Cuando la lluvia de
estrellas terminó, Alan regresó a la tienda de campaña un minuto y regresó con
una botella de vino.
─ Weeeey ¿Te ibas a tomar
todo eso tú solo? ─ preguntó al ver a Alan con la botella.
─ ¿Qué? ¡No! Una o dos copas
nada más ─ respondió el chico con una sonrisa, mirando al cielo ─ es que está
en mi lista.
─ ¿Lista? ─ preguntó Julián
intrigado
─ Bueno, tengo una lista
de cosas que siempre he querido hacer ─ explicó Alan encogiéndose de hombros ─
Acampar y tomar vino viendo las estrellas están en ella.
─ Entonces… ¿Tienes cáncer o algo? ─ preguntó
Leo con un gesto de preocupación ─ ¿Te estás muriendo?
─ Leo… ─ murmuró Julián
lanzándole su mirada reprobadora al chico, aunque también se veía un poco
preocupado.
─ No, no es nada de eso ─
dijo Alan agitando los brazos en negativa ─ Solo quise empezar a hacerlas… ya
saben, hacer lo que siempre he querido. Disfrutar la vida.
─ ¿Y un beso de tres no
está en la lista? ─ preguntó Leo tomando por sorpresa a ambos.
─ ¿Qué? ─ exclamó Alan
entre sorprendido, sonrojado y nervioso.
─ Le gustas a mi novio ─
explicó Leo, Julián se sonrojó por completo y le lanzó a Leo una mirada de “te
voy a matar” ─ Y bueno, sí, eres lindo, algo molestable, no sé, también eres mi
tipo.
─ Ah, pues… ─ Alan estaba
nervioso y no sabía bien cómo explicarse ─ A mí… a mí me gustan los dos… pero,
nunca he… pero entonces… ¿Ustedes…?
─ Poliamor, baby ─
respondió Leo con una sonrisa sincera ─ Lo hablamos mientras no estabas, pero Julián
es algo tímido y no estaba seguro si decirte o no.
─ No te sientas presionado
─ dijo Julián frotando su barbilla con nerviosismo ─ Sí, me gustas, es cierto.
Pero tampoco te estamos pidiendo un trío ni nada, solo… ¿Conocernos mejor?
¿Salir con nosotros tal vez?
─ Y un beso de tres ─
agregó Leo sonriendo ─ Si tú quieres, claro…
─ Uffff, yo nunca he hecho
esto ─ respondió Alan ─ Es la primera vez que me gustan dos personas a la vez.
Nunca me había sentido así, pero está bien, conozcámonos más. Vamos a ver qué
pasa esta noche primero.
Julián fue a su tienda y
regresó con unos vasos para el vino, la bocina, una manta y bocadillos de atún
que había preparado en la tarde. Acomodaron la manta sobre el piso, sirvieron
el vino en las copas, pusieron algo de música tranquila y se sentaron a
conversar.
─ Y todo esto del
poliamor… ¿Hace mucho que lo saben? ─ preguntó Alan, si iba a intentarlo tenían
que saber más, él había leído sobre el tema, incluso hablado de eso en su
columna del periódico, pero era la primera vez que lo experimentaba.
─ Bueno, la monogamia
nunca ha sido para mí ─ dijo Leo ─ Pero curiosamente todo empezó por Julián,
cuando lo conocí él estaba enamorado de alguien más, pero no pude evitar sentir
todo lo que siento por él. Le confesé lo que siento por él aun sabiendo que ya
tenía pareja. Julián me dijo que ama a su novia, pero que se estaba enamorando
de mí, que sabía que era complicado de entender, y que en serio quería salir
conmigo, pero las cosas no iban a cambiar, él no iba a dejar a su novia, pero
quería una relación conmigo. Yo le respondí que no tenía por qué hacerlo, le
conté que en realidad nunca me han atado las etiquetas, que creo en el amor
libre.
─ Yo le conté que mi
pareja es una persona poliamorosa, y que teníamos una relación abierta ─ dijo Julián
uniéndose al relato ─ Sunny salía con otros chicos, pero a mí no me había
pasado que me gustara alguien más, hasta que me presentó a Leo, me gustó desde
que lo vi, aunque me pareció algo presumido, pero al conocernos… me enamoré.
Empezamos a salir poco después de su confesión. Durante ese tiempo Leo ha
salido con varios chicos, pero nada serio, siempre es algo más bien sexual. En
mi caso, además de Sunny y Leo, no me había gustado alguien más… hasta ahora.
─ Yo he tenido pocos
novios en realidad ─ dijo Alan ─ todos monógamos. Hace unas horas cuando vi a
Leo… me movió cosas que no sabía que podían moverse en mi interior ─ Alan se
había sonrojado, pero continuó ─ Luego apareció Julián, y creo que mi corazón
dio un vuelco. Ni siquiera es usual que me guste alguien tan rápido,
regularmente toma un tiempo.
Los minutos fueron
pasando, el vino cayó en los vasos, las risas se apoderaron del ambiente cuando
Leo comenzó a contar anécdotas graciosas que había tenido con los chicos que
había salido, o en su breve vida heterosexual.
El vino se terminó pasada
la medianoche. No estaban ebrios, pero las estrellas, la música, y el vino, los
habían hecho sentir más cómodos y relajados.
Alan y Julián habían
terminado cada vez más cerca, y ahora sus acercamientos eran menos sutiles, así
que bastó un ligero empujón de Leo para que Julián se animara a besar a Alan.
Los besos de Julián eran tal cual los había imaginado Alan, dulces, calmos y
cálidos. Leo se levantó del suelo y se fue a sentar junto al chico de lentes,
cuando Julián y él se separaron, Leo tomó a Alan por la barbilla y giró su
rostro para besarlo, un beso intenso, salvaje y apasionado. Leo estiró el brazo
y tiró del cuello de la camiseta de Julián, atrayéndolo a ellos, invitándolo a
unirse al beso.
Alan se dejó llevar por
los labios de sus compañeros. Cuando se separaron, se miraron los unos a los
otros. Julián sonrió, luego sonrió Alan, y finalmente Leo. Las sonrisas se
convirtieron en risas y miradas contentas e intensas. Alan miró hacia el cielo,
bajo el resguardo de las estrellas, estaba a punto de iniciar una nueva
aventura. Y tal vez, la historia de amor que siempre había soñado.
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