Masturbación transmasculina


MASTURBACIÓN TRANSMASCULINA

A raíz de la cuarentena han surgido muchos memes, acerca del encierro, de la ansiedad, del aburrimiento... y de la masturbación. Todos estos memes hacen mofa de que al quedar encerrados sin pareja y sin nada mejor que hacer, las personas se están masturbando mucho más de lo común.
Afortunadamente, más allá de los memes, también han surgido publicaciones con información bastante valiosa acerca del tema, se ha hecho un trabajo genial para que la masturbación deje de ser un tabú, y para invitar a hombres y mujeres a conocer su cuerpo y tomar cargo de su placer.
Pero entre toda esta información, nunca se hace alusión a las vivencias transmasculinas, se habla muy poco de la masturbación en hombres trans, incluso hay gente que cree que no nos masturbamos, creen que existe un total rechazo a la vulva, la vagina y el clítoris por nuestra parte, y sumado a la carencia de pene, no se explican cómo nosotros podríamos darnos nuestro propio placer sexual.
Los hombres trans nos masturbamos, y la mayoría de nosotros lo hacemos un montón, yo que no estoy en tratamiento hormonal lo hago a menudo, tengo amigos en testosterona que me cuentan cómo no pueden pensar en nada más que en sexo y cuentan los minutos para tener un rato de privacidad y poder masturbarse para calmar el subidón de la libido.
Como siempre, no puedo hablar por todos los hombres trans, chicos trans o personas transmasculinas del mundo, sólo puedo hablar desde mi experiencia. Hoy les contaré la historia de cómo la masturbación me hizo reconciliarme con mi cuerpo y aprender a disfrutarme.
Una de las partes de mi cuerpo que más disforia me causaba (a veces aún lo hace) son mis pechos, desde que mi cuerpo empezó a cambiar y aparecieron, dejando clara esa diferencia entre mi cuerpo y el de la mayoría de los chicos, empecé a odiarlos, subí bastante de peso y comencé a usar ropa enorme para ocultarlos, evitaba a toda costa que mis parejas los tocaran y le huía demasiado a verlos en el espejo. Así fue por varios años, hasta que mi transición dio inicio y dentro de mi proceso terapéutico se me invitó a reconciliarme con mi cuerpo, a amarlo y cuidarlo para ayudarle a convertirse en lo que yo quería que fuera.
Comencé a cuidar más mi alimentación y hacer ejercicio para perder todos los kilos que subí para ocultar las curvas de mi cuerpo. Aprendí a cuidar mi cuerpo más, pero no fue hasta que, de la mano de mi primera pareja sexual, aprendí que mis pechos eran altamente erógenos, el simple hecho de que los acariciara me producía sensaciones placenteras y muy intensas, saberme un ser sexual y descubrir lo placentero que podía ser algo tan sencillo me llevó a experimentar mucho más con mi propio cuerpo.
En mi última entrada mencioné que soy una persona demisexual y que por muchos años mi deseo sexual fue nulo, pero al encontrar una persona que despertara ese lado de mí, el deseo cambió de nulo, a muy frecuente.
La primera vez que me masturbe con la intención plena de provocarme placer y no sólo para tener un orgasmo que me provocara el sueño fue toda una experiencia. Ya de intentos anteriores sabía que la pornografía no consigue excitarme, cuando me masturbaba para dormir solía ponerme a fantasear, esa vez, más que fantasías, fueron recuerdos de encuentros previos con mi pareja, las imágenes eran claras dentro de mi cabeza y bastó con cerrar los ojos y dejar en libertad mis manos para que recuerdos y acciones se sincronizaran, por primera vez mis manos reconocían mis pechos como míos y como fuente de placer, mis pezones se endurecían entre mis dedos, mientras mi entrepierna iba humedeciéndose. Cuando una de mis manos se coló entre mis piernas se sintió como una primera vez, ya muchas veces me había tocado, pero esa vez fue diferente, fue un descubrimiento y un reconocimiento, fue explorar a plena consciencia cada parte, cada pliegue, dejarme experimentar cada sensación. El orgasmo que me recorrió esa vez fue muy intenso, el tiempo que me llevó llegar a él fue mucho mayor, pero todo el proceso fue muy placentero.
Las siguientes veces fueron muy similares, fui experimentando cosas, conociéndome mejor y aprendiendo sobre mi placer, sobre lo que me gusta y lo que no. Masturbarme se convirtió realmente en un acto de placer y amor propio y no sólo en un método para conciliar el sueño. Mis pechos ya no son un enemigo, y en muchas ocasiones, cuando estoy solo en mi habitación, me sorprendo acariciándolos, disfrutando su textura y calidez, ahora adoro mi clítoris y lo mimo tanto como se lo merece, mi vagina agradece cuando meto un par de dedos en ella, u ocasionalmente algún juguete sexual, e incluso he experimentado algunas cosas con mi ano. También descubrí mi cuerpo entero como receptor de placer y erotismo, acariciar mi cuello con las yemas de mis dedos desata cosas incontrolables, mis manos en la cara interna de mis muslos, en mi cintura, o en mis caderas consiguen mojarme sin necesidad de tocar mi vulva, cada parte de mi cuerpo tiene sus modos de despertar al placer. Entendí que mi cuerpo tiene un montón de placer para darme, que me gusta mucho darme ese placer, y que darme ese placer no me resta masculinidad ni invalida mi identidad.
Erotizar mi cuerpo me ayudó mucho a reconciliarme con él, a cuidarlo y amarlo más, a agradecerle todo lo que tiene para darme, y todo lo que tiene para compartir con otros. Algo que pareciera tan simple y común para la mayoría de las personas me fue ajeno por mucho tiempo, y cuando por fin lo descubrí y lo disfruté, sirvió no sólo para brindarme placer, sino también para reconocerme como un hombre trans libre que se niega a caer en los estereotipos cisgénero de lo que debe ser la sexualidad de un hombre, me di cuenta de que no quiero cambiar mi cuerpo, lo amo así como es, con mis pechos que despiertan al contacto, con mi clítoris que palpita al ritmo de mi placer, con mi vagina que se humedece cuando me excito, con cada una de sus formas.
Conectar con mi erotismo también me hizo cambiar algunos detalles como escritor, y aventurarme a hablar de la sexualidad transmasculina. Aquí un ejemplo, que curiosamente mezcla masturbación en pareja y dos chicos transgénero:

“Cerró los ojos y en sus párpados, grabada al rojo vivo, seguía esa imagen, su cuerpo desnudo, su pecho subiendo y bajando, las piernas abiertas, una mano perdida entre ellas. Suspiró, aquella imagen le hervía la sangre. Lo deseaba, tanto o más que al principio. No podía dejar de imaginarlo desnudo, de imaginar todo lo que haría con él, los sitios que besaría, los que mordería, no podía dejar de imaginar sus gemidos, su respiración entrecortada, su sabor, su aroma... 
Sentía que se volvería loco de deseo, tenía tantas ganas de tener su cuerpo y al mismo tiempo tan pocas probabilidades, parecía que la vida se burlaba de él.
Abrió los ojos, la habitación seguía tan oscura como llevaba siéndolo las últimas cuatro horas. El reloj marcaba las 4:00 AM, se había ido a dormir a media noche y lo había conseguido unas horas, hasta que se despertó sobresaltado y excitado, las sábanas húmedas como recuerdo de aquel sueño donde su exnovio se tocaba frente a sus ojos, tal como lo había hecho aquella tarde de un mes atrás.
El chico sintió la humedad de las sábanas, y luego la propia entre las piernas, su clítoris palpitaba, el calor y el deseo que sentía eran tan intensos que cerró los ojos nuevamente y se entregó a los recuerdos mientras sus dedos jugueteaban en su entrepierna...
"Él se tocaba y yo lo observaba hipnotizado y excitado, sus gemidos y gestos de placer hacían que no quisiera intervenir todavía, dejé que fueran sus dedos los que lo llevaran al orgasmo que con tanto deseo buscaba, sin darse cuenta me estaba enseñando cómo y dónde ser tocado. Cuando se vino frente a mí al fin me acerqué, le di un beso salvaje y apasionado, y me acomodé entre sus piernas, lo deseaba tan desesperadamente que sin darle tregua ni descanso lo penetré con los dedos. Él gimió con soltura, cerró los ojos y permitió que le devorara el cuello, mis embestidas eran suaves, estaba en busca del punto que él mismo había tocado minutos antes. Un fuerte gemido me indicó que lo había encontrado, aumenté el ritmo en que se movían mis dedos mientras observaba su rostro, su interior era tan suave y húmedo, y sus gestos tan sinceros e invitantes. Un segundo orgasmo recorrió su cuerpo cuando mis dedos se hundieron en él, sus músculos se cerraron alrededor de ellos y su esencia inundó mi mano."
Mientras en sus recuerdos el orgasmo recorría a su compañero, uno igual de intenso se apoderaba de él, calmando un poco aquella sed. La relajación que sintió después hizo que cayera dormido nuevamente, solo para soñar con hacerle el amor otra vez.”


Supongo que he sido afortunado en muchos aspectos, me topé con una pareja que nunca rechazó mi cuerpo, y al contrario, encontró en mí un placer que no había explorado y me hizo encontrarlo a mí también. Tuve una transición con acompañamiento psicoterapéutico, y mi bolsillo me permite comprar algunas cosas para explorar más. Sé que no es el caso de todos, que hay chicos cuya dismorfia es tan intensa que les impide tocar su cuerpo, cuya disforia les hace creer que gozar de su genitalidad femenina los invalida como hombres. Para ellos no tengo más consejo que el cuidar el cuerpo que habitan, no es como les gustaría, pero puede acercarse a serlo, y eso sólo pasará si está en óptimas condiciones. La sexualidad es algo muy basto, muy disfrutable, el placer no es exclusivamente corporal, el erotismo no es sólo genital, somos un todo de experiencias y sensaciones por descubrir, permitámonos descubrir todo eso.
Hoy 7 de mayo es el día mundial de la masturbación, se celebra con el objetivo de difundir los beneficios de masturbarse y romper con mitos y tabúes alrededor del tema. Sean personas trans o cis, homosexuales, heterosexuales o de cualquier orientación, yo les invito a explorarse, conocer lo que les produce placer, aprender a disfrutar de su propio cuerpo. Y no sólo por la cuarentena o por soltería, la masturbación en pareja también es una práctica sexual frecuente y placentera. La masturbación es una de las cosas más maravillosas que pueden hacer con su cuerpo, no se nieguen esa experiencia, que no se irán al infierno, no les saldrán pelos en la mano, no están arruinando el terreno para la persona indicada, ni “mallugando la fruta”, ni ninguna de las mentiras con las que intentan persuadirnos de vivir una sexualidad plena y satisfactoria por cuenta propia.
En soledad o en compañía, ámense, deséense, disfrútense.    

Nadir Kampz


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