Te espero esta Navidad
TE ESPERO ESTA
NAVIDAD
Miró las velas consumirse, las
había encendido con la esperanza de que ella llegara. Sabía, muy en el fondo,
que no lo haría. Que pasaría Navidad en casa, con sus padres, con su hermano y sus
sobrinos, y con su estúpido prometido. Sabía de sobra que ella preferiría la
comodidad de la situación, que armarse valor, tomar un taxi e ir a buscarla.
Se había levantado temprano, había
ido a comprar pasta, un pavo, y las cosas para el relleno; harina, huevos y
mantequilla para un pastel, y había comprado además una botella del mejor vino
que pudo pagar.
Había cocinado toda la tarde, sin
dejar de mirar las recetas, porque, aunque sabía que ella no llegaría, tenía
una mínima esperanza de que lo hiciera.
Y ahora, a unos minutos de la
medianoche, las velas goteaban alrededor de los candiles, la pasta comenzaba a
enfriarse, el pavo estaba en su punto y el pastel estaba casi listo.
Se miró al espejo, había comprado
el vestido especialmente para la ocasión, incluso se había maquillado, algo
inusual en ella. Su cabello, delicadamente recogido en un principio, había
dejado salir ya un par de mechones.
Miró la puerta con resignación una
vez más y apagó las velas, dejando el departamento iluminado sólo por la luna.
Tomó la botella de vino, le quitó el corcho, que fue a dar a la pasta, pero
poco le importó. Bebió un largo trago. Sabía que no llegaría, lo sabía, ¿por
qué había sido tan tonta para preparar todo y esperarla? Las lágrimas
comenzaron a resbalar por sus mejillas. Bebió otro trago.
Tres golpes firmes en la puerta. Se
levantó extrañada y abrió la puerta.
Ahí estaba ella, la culpable de sus
lágrimas, la mujer para quien había preparado aquella cena, para quien se había
puesto ese bonito vestido.
─ Lo siento, no encontré ningún
taxi, tuve que venir corriendo ─ la miró con atención, le escurrían pequeñas
gotas de sudor por la frente y el cuello, llevaba las zapatillas en la mano y puestos
unos tenis que nada combinaban con el hermoso vestido rojo que llevaba, además
su rostro estaba enrojecido y respiraba entrecortadamente ─ les he dicho, a
todos, terminé mi compromiso, se lo dije a todos y vine corriendo.
No dejó que dijera nada más, corrió
a abrazarla. La abrazó tan fuerte que sintió que se fundían juntas. La besó,
besos sabor a vino tinto.
─ Yo… pensé que no vendrías… la
cena ya se enfrió ─ las lágrimas volvieron a correr por sus mejillas, pero ya
no eran de tristeza, sino de dicha, volvió a besarla ─ pensé que… pensé…
─ Shhh. Feliz Navidad ─ sacó de su
bolso una pequeña caja de regalo y se la entregó, dentro había un delicado
anillo con un pequeño diamante adornándolo ─ no quiero estar comprometida con nadie
que no seas tú. ¿Qué dices?
Por toda respuesta la besó otra
vez, se dejó colocar el anillo en el dedo y la abrazó.
─ Feliz Navidad ─ susurró.
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