Sueños humedos
El día de hoy les quiero compartir otro de los textos que escribí para el taller de cuento LGBT+ que tomé hace unos meses, este corresponde al bloque de cuento erótico, y gustó bastante ya que fue el único con temática trans del taller. Tiene unos toques de texto trágico porque el erotismo así solo, no se me da tan bien. Espero que lo disfruten, creo que no tengo lectores menores de edad, pero por si las dudas, aclaro que este cuento es de contenido sexual y solo apto para adultos.
SUEÑOS
HUMEDOS
Nadir Kampz
Daniel cerró los ojos y en sus párpados,
grabada al rojo vivo, seguía esa imagen, su cuerpo desnudo, su pecho subiendo y
bajando, las piernas abiertas, una mano perdida entre ellas. Suspiró, aquella
imagen le hervía la sangre. Lo deseaba, tanto o más que al principio. No podía
dejar de imaginarlo desnudo, de imaginar todo lo que haría con él, los sitios
que besaría, los que mordería, no podía dejar de imaginar sus gemidos, su
respiración entrecortada, su sabor, su aroma... Sentía que se volvería loco de
deseo, tenía tantas ganas de tener su cuerpo y al mismo tiempo tan pocas
probabilidades, parecía que la vida se burlaba de él.
Había conocido a Mateo un año atrás,
cuando ni siquiera había elegido nombre y todos se referían a él simplemente como
Torres. Daniel llevaba dos años en transición, uno en hormonas, y era el nuevo
facilitador del grupo de apoyo. Mateo quedó encantado con él desde el primer
momento, la seguridad de Daniel y la soltura con la que hablaba le fascinaron,
por eso no dudó en invitarle un café terminando la sesión.
Daniel abrió los ojos, la habitación seguía tan
oscura como llevaba siéndolo las últimas cuatro horas. El reloj marcaba las
4:00 AM, se había ido a dormir a media noche y lo había conseguido unas horas,
hasta que se despertó sobresaltado y excitado, las sábanas húmedas como
recuerdo de aquel sueño donde su exnovio se masturbaba frente a sus ojos, tal
como lo había hecho aquella tarde de un mes atrás.
Después de aquel café, bastaron un par de
citas para que comenzaran a salir, Daniel confiaba tan plenamente en Mateo que
dejando de lado disforias y dismorfias se entregó a él al cabo de un mes. El
chico fue un gran maestro para su inexperiencia. Daniel también le enseñó mucho
a Mateo, le ayudó a encontrarse a sí mismo, a salir del closet con su familia,
lo acompañó en sus primeras citas en Clínica Condesa y hasta le ayudó a elegir
nombre. Pero después de medio año la novedad había pasado, los neuroquímicos
habían dejado de funcionar y Mateo ya no sentía lo mismo por él.
Daniel sintió la humedad de las sábanas, y
luego la propia entre las piernas, su clítoris palpitaba, el calor y el deseo
que sentía eran tan intensos que cerró los ojos nuevamente y se entregó a los
recuerdos mientras sus dedos jugueteaban en su entrepierna...
A pesar de haber terminado, se seguían
viendo en el grupo de apoyo, y fuera de él, más que amores, eran grandes
amigos, y también buenos amantes, por lo que nada evitó que cada que se
quedaban a solas la pasión volviera a surgir, como, por ejemplo, un mes atrás.
Habían ido a una fiesta y Mateo se quedó a dormir con Daniel, ni siquiera
habían tomado demasiado, a ninguno de los dos le gustaba, pero Mateo se había
inyectado un par de días antes y la calentura parecía acompañarlo en todo
momento.
Daniel estiró la mano hacia el cajón de la
cómoda junto a su cama, a ciegas buscó entre condones, lubricantes y juguetes
al elegido de aquella noche. Sacó el succionador y se aseguró de que tuviera
batería. “¿Listo Daniel?” preguntó la voz de Mateo dentro de su cabeza en un vívido
recuerdo, el chico asintió con la cabeza y colocó el juguete entre sus piernas,
su clítoris había crecido un par de centímetros desde que había iniciado el
tratamiento con testosterona, por lo que las sensaciones de aquel juguete se
habían hecho mucho más placenteras, un exquisito escalofrío le recorrió la
espalda y no pudo reprimir el gemido que seguramente llegaría a oídos de los
vecinos.
“Te mostraré algo increíble” había dicho Mateo
esa noche, se desnudó de inmediato frente a su ex novio, se recostó en la cama
y separó las piernas, Daniel lo observaba hipnotizado y excitado, sus gemidos y
gestos de placer lo cautivaban, nunca lo había visto así, y aunque una parte de
él quería abalanzarse sobre el chico en ese mismo momento, el espectáculo ante
sus ojos era mejor, no sabía si esa era o no la intención de Mateo, pero
parecía estarle mostrando cómo y dónde quería ser tocado. Daniel conocía a la
perfección cada uno de sus gestos, por eso en cuanto vio ese tan característico
del orgasmo, se acercó y le dio un beso salvaje, se acomodó entre sus piernas y
sin darle tregua ni descanso lo penetró con los dedos, lo deseaba tan
desesperadamente que no pudo contenerse. Mateo cerró los ojos y gimió con soltura,
haciendo la cabeza hacia un lado para que Daniel pudiera devorar su cuello
mientras disfrutaba de las suaves embestidas, arqueó la espalda cuando los
dedos de su ex novio se encontraron con el punto indicado y aumentaron el
ritmo.
Mientras en sus recuerdos el orgasmo recorría a
Mateo, uno igual de intenso se apoderaba de Daniel, calmando un poco aquella
sed. El juguete estaba empapado, al igual que las sabanas y su entrepierna, con
Mateo había descubierto las maravillas del squirt, pero aún le parecía un tanto
extraño cada que pasaba y no podía evitar sentirse un tanto apenado. La emoción
del momento se esfumó tan rápido como llegó, para ser sustituida por una
sensación de vacío y tristeza.
Un par de días después de aquella fiesta Daniel
recibió un mensaje de Mateo. “Lo siento, pero creo que ya no deberíamos seguir
viéndonos para… tú sabes… podemos seguir siendo amigos, claro, pero ¿Recuerdas
al chico del que te hablé? Tuvimos una cita esta tarde, y bueno, ya es oficial,
estamos saliendo.” Daniel escribió con dedos temblorosos un “Claro, no hay
problema”. Sintió un nudo en la garganta, claro que seguirían siendo amigos,
pero aquello terminó de quebrar sus esperanzas.
La relajación que sintió Daniel después del
orgasmo hizo que cayera dormido nuevamente, solo para soñar con hacerle el amor
otra vez, pues ahora sólo podía hacerlo en sueños y en sus recuerdos.
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