¿Cómo ser un hombre?
Este es un ensayo que escribí para un concurso del INJUVE, por cuestión de tiempo ya no me fue posible enviarlo al concurso, pero me gustaría abrir este blog justo compartiéndolo con ustedes. Como podrán notar no soy escritor profesional, lo hago más bien por pasión, como un medio para expresar lo que siento y pienso.
¿Cómo ser un hombre?
Cuando salí del closet como hombre transgénero todo mundo parecía querer opinar acerca de mi hombría, de los
cambios que me esperaban, de lo que implica ser hombre. “Ya eres hombre ¿Por
qué sigues viendo esas películas cursis?”, “¿Por qué lloras? ¿No que ya eras
hombre?” “Eres hombre, carnal, ya vete buscando una chiquita, no me vayas a
salir con que eres puñal”.
Una de las razones por las que
estaba tan asustado de aceptar mi verdadera identidad es precisamente toda esa
ola de estereotipos machistas, de ideas preconcebidas de lo que es la
masculinidad. Yo sabía que no era una mujer, sabía que dentro de mí habitaba el
alma de un hombre, pero si para serlo tenía que comportarme como un completo
idiota… no, definitivamente no era lo mío. ¿Cuál era el punto medio? ¿Cómo ser
el hombre que soy sin convertirme en un macho cualquiera? La respuesta, que
parecía llegar a veces, se esfumaba de inmediato.
La primera vez que entré al
baño de hombres fue en el baño de la universidad, dos chicos hacían lo suyo en
los mingitorios, ninguno me miró raro, ninguno pareció notar mi presencia, y
nada delataba que era un chico con un cuerpo distinto al de ellos, mis miedos
infundados se esfumaron. Entré al cubículo y los chicos continuaron su
conversación… fue ahí cuando me di cuenta de las enormes diferencias entre
ellos y yo. La conversación versaba de con cuantas mujeres habían tenido sexo,
llegando a la conclusión de que uno de ellos era gay porque sólo había estado
con seis. La pregunta fulminó mi mente ¿El no haber estado con ninguna chica
aún me restaba masculinidad? ¿Mi poco interés en el acto sexual me convertía en
un hombre incompleto o defectuoso?
Y aunque yo mismo había leído
en muchos lados que nuestros gustos, nuestras aficiones, nuestras actividades,
son completamente independientes de nuestra identidad de género, no dejaba de
preguntarme si sería capaz de traicionar mis ideales para poder encajar con el
resto de los hombres. Día tras día miraba a los hombres que me rodeaban,
escuchaba sus conversaciones, estudiaba el modo en que actuaban, y la respuesta
que tanto buscaba fue mejor de lo que esperaba. La masculinidad para los
hombres era algo tan frágil, capaz de ser derribada por un par de prejuicios.
Todos esos hombres, atacándose los unos a los otros, tratando de probar su
hombría dejando por los suelos la de los demás, humillando al prójimo para
destacar. Y sin embargo seguían siendo hombres, no importaba cuantas veces se
pusiera en duda su hombría, no importaban los albures, las humillaciones o las
bromas pesadas, no importaba cuantas veces les dijeran que no eran hombres, en
realidad no dejaban de serlo. Y yo tampoco.
La masculinidad toxica que
impera en una de las, supuestamente, más tolerantes y abiertas ciudades, nos
asfixia a todos, pero sobre todo a los hombres trans, que nos sentimos perdidos
entre tanto machismo, falocentrismo y misoginia. Que nos vemos en el dilema
entre validar nuestra masculinidad repitiendo dichos patrones o vivir nuestra
propia masculinidad, aunque la sociedad la ponga en duda todo el tiempo, aunque
sea una hombría que según ellos no podemos demostrar.
¿Cómo ser un hombre? Hay
tantas respuestas como hombres en el mundo. Cada sociedad, cada familia, cada
cultura, cada hombre, tiene su propia idea de masculinidad.
Yo soy un hombre, seguro de su
propia masculinidad, que no necesita probarle nada a nadie. Soy un hombre que
disfruta del romance, un hombre que cree que hay algo más que tener sexo, un
hombre pequeño en altura, pero de ideales y aspiraciones grandes. Un hombre que
prefiere dejar de esconderse y decide no adherirse a esos patrones nocivos, que
prefiere contribuir, mostrando su propia masculinidad, con la esperanza de que
todos esos hombres, trans o cisgénero, que no son lo que las expectativas
sociales de masculinidad esperan de ellos, se sientan orgullosos de vivir su
propia masculinidad.
No es la barba que aún no
comienza a salir, ni el pecho plano que por el momento sólo puedo obtener
gracias a una camiseta compresora, no es la ropa salida de la sección de
caballeros, ni el nuevo nombre que me identifica. No es el cabello corto, la
camisa o la corbata. No es el “packer” para orinar de pie, no es el deseo de
iniciar un tratamiento hormonal, ni la voz gruesa que tantas veces debo fingir.
Ninguna de esas cosas es lo que me hace un hombre. Es la seguridad de poder
reconocer mi identidad, es esa voz interna que me dice que soy un hombre,
aunque no sea como los demás. Es la satisfacción de mirarme frente al espejo y
al fin saber quien soy. Es saber que mi masculinidad no está en juego, ni debe
ponerse en tela de juicio, que no soy menos hombre por menstruar cada mes, por
llorar a veces, por enamorarme a veces, por salirme del binario a veces. Es
reconocer que el único que puede saber quién es realmente soy yo, y construyo
mi masculinidad a mi propio modo, porque para mí, eso es ser un hombre.
Nadir Kampz
Me ha gustado mucho este texto, realmente me identifico, a pesar de ser un hombre cis hetero, los modelos masculinos con los que fui creciendo se fueron sintiendo cada vez más lejanos a mi sentir mientras más maduraba. En la prepa solía bromear con que era una chica lesbiana en el cuerpo de un hombre. Era solo eso, una broma, porque realmente nunca dude de mi identidad de género, pero en esa frase reflejaba la distancia que sentía entre mi forma de ser y la de los hombres que me rodeaban, con los que no me podía identificar, o al menos me identificaba muy poco. A partir de mi adolescencia, la mayoría de mis relaciones de amistad significativas han sido con mujeres, pues siempre me he sentido más cómodo a su lado, con más libertad de expresarme como realmente me siento y no como creo que los demás esperan que me comporte. Recientemente que me he dado a la tarea de aprender más sobre feminismo, estudios de géneros, masculinidades y transexualidad entre otros temas, se ha desdibujado aún más la preconcepción que tenía de lo que hace hombre a un hombre. Puedo decir con firmeza y seguridad que yo soy un hombre, que estoy a gusto en esta piel y esta identidad, que mi personalidad "poco masculina", mi gusto por los vestidos, el maquillaje y las pelucas, o que no crea que mi heterosexualidad está labrada en piedra, no me hacen dejar de ser un hombre, pero al mismo tiempo yo no sabría responder Qué es ser un hombre, qué es lo que me define cómo tal, no podría dar una respuesta satisfactoria a alguien que desea tener una imagen clara y definida de los conceptos hombre y masculino, aunque probablemente sea mejor así, porque la identidad de nadie debería estar atada a conceptos o expectativas. En fin, este comentario quedó más largo de lo que quería, solo me resta decir que me dará mucho gusto poder leerte en este nuevo blog y que espero con ánimos la próxima entrada.
ResponderBorrarMi querido amigo, que bonito es leer la expresión de tu sentir, estoy tan orgulloso de ti, eres un hombre único, es un verdadero gusto él ser tu amigo.
ResponderBorrarAtte Iktan
BorrarCreo que nunca te lo he dicho, pero aquí voy. Eres uno de los pares que más admiro y de quien siento que he aprendido más así como he recibido más apoyo en mi propio proceso de transición. Desearía haber leído esto por la época en que te animaste a publicarlo, creo que son las palabras que nos hacen falta a muchos para comenzar el camino hacia la auto validación cuando la masculinidad hegemónica se plantea como algo no sólo inalcanzable sino indeseable. Gracias por escribirlo, te admiro como a pocos y agradezco haber cruzado caminos contigo, amigo.
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