Etiquetas y clósets


Esta vez quiero compartir con ustedes un texto muy especial y personal para mí. Desde hace varios meses me he estado preguntando muchas cosas sobre mí, dicen que uno nunca acaba de conocerse, porque somos seres en constante cambio y evolución, y es verdad, justo cuando pensé que mi vida no podía dar más giros me sorprendí a mí mismo con uno más. 
Ahora no es ficción ni información, es simplemente mi experiencia, que espero además pueda servir para favorecer la empatía y recordarles que identidad de género, orientación sexoafectiva y expresión de género son cosas distintas, y transicionar no siempre implica convertirse en una persona heterosexual que cumple con todos los estereotipos cisgénero. 


ETIQUETAS Y CLÓSETS

“Niña. Chica. Lesbiana. Tomboy. No binarie. Transmasculino. Hombre Trans. Hetero. Asexual. Demisexual. Birromántico. Gay”.
A lo largo de mi vida he usado muchas etiquetas en la búsqueda de definir mi sexualidad, etiquetas que en cada momento de mi vida sentía que encajaban, pero yo fluyo, mi sexualidad fluye, y, lo admito, de joven estuve algo perdido y me permití inferir algunas cosas sin estar completamente convencido.
Niña: Desde muy niño empecé a sentir que no encajaba con el resto de las niñas, no tenía la información ni la seguridad para manifestar que me sentía más cómodo con los niños, pero así era, en más de una ocasión estar con ellos se sentía tan natural que no me sentía distinto a ellos. Pero cuando pasas cierta edad el mundo a tu alrededor comienza a hacer esas diferencias evidentes, y tu cuerpo también. Comencé a menstruar a los diez años ¿Pueden imaginar lo que significa para un niño de diez años (que de por sí no entiende por qué le insisten en no trepar árboles o le impiden jugar fútbol) de repente comenzar a menstruar? Mi cuerpo comenzó a cambiar demasiado rápido sin que pudiera aceptar algo más que la idea de que ese era mi cuerpo y no había nada más que hacer. Sólo adherirme a la norma y tratar de encajar con el resto de las niñas. 
Chica: En el último año de secundaria en serio intenté encajar, compraba revistas adolescentes, me maquillaba un poco (brillo labial, algo de rubor y brillos en el cabello) y fingía que vivía "enamorada" de Memo Ochoa para justificar mi gusto por el fútbol. Llegaron a llamar mi atención un par de chicos, y yo la de ellos, pero algo hacía que las cosas no terminaran de encajar y se sintiera extraño interactuar con ellos, en aquel entonces pensé que se debía a qué obviamente era lesbiana, porque si me gustaba el fútbol, los autos y odiaba tener pechos y menstruar, debía serlo. Intentar ser una chica no me funcionó y terminé con lo que seguramente se hubiera determinado como una depresión si hubiera ido al psicólogo.
Lesbiana: Al entrar al CCH lo hice con bastantes dudas sobre quién era yo, pero me parecía normal, era parte de la adolescencia ¿No? El primer semestre no interactué con mucha gente, solo un par de amigas, con una de ellas llegué a tener una interacción muy curiosa, quería impresionarla y quedar bien con ella, me parecía muy bonita y divertida, y para complacerla hacía sus tareas de matemáticas. Por aquellas fechas también compraron una computadora familiar, lo que me dió acceso a internet y a un mundo de información. Investigando, la respuesta parecía obvia, era lesbiana y estaba enamorada de mi amiga. Durante mi último semestre comencé a juntarme más con el grupo gay del CCH, hice un muy buen amigo ahí, un chico gay super divertido y encantador, era el estereotipo de chico gay del 2000 y lo adoraba, él me guío y me presentó algunas amigas lesbianas, aunque no pasó nada con ninguna. Tuve algunas novias luego de eso, puedo decir que llegué a enamorarme, pero en lo sexual algo no terminaba de encajar, y no entendía por qué.
Tomboy: Con reconocerme y vivirme en lo lésbico, vino también un cambio en mi apariencia física. Al entrar a la universidad y empezar a tener más libertad para decidir qué usar y cómo llevar el cabello, decidí hacer un cambio radical, me corté el cabello super cortito lo que me dio mucha libertad. Además, empecé a comprar más playeras en vez de blusas, pantalones de mujer, pero de cortes menos ajustados y colores más oscuros. Me encantaba verme así, con un aspecto mucho más andrógino, cuando llegaban a confundirme con un chico era una emoción y una alegría indescriptible. Curiosamente al inicio de la universidad también tuve un novio, llegué a pensar que tal vez era bisexual, porque me sentía cómodo con él y en serio lo quería, pero la voz en mi cabeza que no sabía ni quién era seguía metiéndome dudas, haciéndome sentir que ser una chica con novio no estaba en mi naturaleza. Y sí, no lo estaba, pero el error no era la parte del novio, sino la de ser una chica.
No Binarie: Mi mejor amigo en aquella época, se descubrió como hombre trans, acompañarlo en su proceso de transición me brindo nueva información respecto al género, pues en la universidad todo lo trans era desde una perspectiva patologizante. En su momento me asumí como una persona no binaria, pues aunque por dentro me sentía como un chico, igual que mi amigo, veía con él todas las diferencias en cuanto a la vivencia de esa masculinidad. Yo, con mi afición por los musicales, My Little Pony, y las películas románticas, además siendo sensible y delicado, pensaba que no tenía “lo necesario” para ser un chico por completo, además, lo admito, la idea de realizar una transición me aterraba.
Transmasculino: Me mantuve en esta presentación no binaria por varios meses, pero inevitablemente mi ser se encaminaba a lo masculino, mi exterior lo reflejaba cada vez más, empecé a comprar ropa ya enteramente masculina y no solo con tendencias neutras. Me sabía una identidad masculina, pero la esencia femenina que seguía siendo visible en mi interior me impedían identificarme plenamente como un hombre trans, vamos, seguía pensando que me faltaba masculinidad para serlo.
Hombre trans: Leer más, investigar, escuchar vivencias, empezar a cuestionarme muchas cosas a mí mismo hizo que me diera cuenta de varias cosas, la más importante: nada me impedía ser el hombre que siempre había sido. Si hay chicos que aman los musicales ¿Por qué yo no podía ser uno? Si uno de mis mejores amigos ama My Little Pony y eso no le quita el ser un hombre ¿Por qué yo no podía ser un chico trans que compra ponys de colores? Muchos de mis personajes favoritos eran así, chicos dulces, sensibles, alegres, yo podía ser como ellos. La idea llevaba días rondando por mi cabeza cuando una canción la hizo estallar. “This is me” de la película “The Greatest Showman”, en plena sala de cine, me hizo llorar, el chico que vivía dentro de mí, salió de entre las sombras y gritó “Este soy yo”. Entré al mismo grupo de apoyo a chicos trans que mi amigo, y de ahí todo comenzó a mejorar. Me acepté como el hombre que soy ahora, el que abraza ese lado sensible y sus gustos diversos.
Hetero: Ya estaba claro, siempre fui un hombre, con gustos típicamente femeninos y un tanto delicado, pero hombre al fin y al cabo ¿Y la orientación? Al principio me pareció demasiado obvio, si toda mi vida me había relacionado con mujeres y siempre fui un hombre, eso me convertía en heterosexual, y por un tiempo así me presenté, como un hombre trans hetero. Tenía varios “crushes” en personajes ficticios, y había chicas de mi entorno que me parecían lindas, pero también estaba esa idea, casi la presión de cumplir con la heteronorma. Supongo que exageraba un poco al narrar lo que estos “crushes” me despertaban, porque quería encajar, ser un chico como los demás. Varios meses después de iniciada mi transición invité a salir a una amiga, una mujer inteligente y talentosa, las cosas no funcionaron, podría decir que faltó compatibilidad, pero lo admito, aunque la invité a salir, algo seguía sin encajar, había admiración y cariño, pero no atracción como tal, eso me hacía dudar y no aventurarme lo suficiente. Con el pasar de los meses dejé de centrarme en esas cosas, me di cuenta de que realmente ninguna chica me despertaba lo que esperaba.
Asexual: “Bueno, si ninguna chica me atrae a nivel sexual, por mucho que las quiera y las admire, entonces seguro soy asexual” pensé al encontrarme con un grupo asexual en Facebook y leer la información y experiencias que compartían. Tenía sentido, sexualmente nunca pude desenvolverme bien, incluso si me sentía enamorado, siempre estaba ese freno que no sabía ni de dónde venía, podía enamorarme, pero no sentir una atracción sexual plena. Podía masturbarme, pero el porno no me despertaba nada, debía crear una elaborada fantasía en mi cabeza donde lo erótico no eran los cuerpos sino las emociones e interacciones. Empecé a usar la etiqueta para mí mismo, sin decírselo a nadie, pues al no tener pareja no veía mucha necesidad.
Demisexual: Cuando parecía que mi sexualidad ya no tenía más sorpresas, algo pasó. Sentí algo que nunca había sentido, apareció una persona… LA persona, por cuestiones de privacidad vamos a llamarle “Sunny”. Yo creo que en determinado momento de nuestra vida conocemos a una persona que nos abre un mundo de posibilidades y nos hace descubrir muchísimas cosas que no sabíamos de nosotros o que no teníamos manera de reconocer y nombrar, para mí Sunny es esa persona. Decir que me enamoré sería poco, porque no fue como las otras veces, donde había cariño y admiración. Ahora había amor, conexión, atracción, deseo… por primera vez experimentaba realmente el deseo de tener sexo con alguien, de tocar y ser tocado por esa persona, de besar cada parte de su cuerpo, esas ganas de dejarme llevar y hacer de todo. Como ya me había informado respecto al espectro asexual, lo que estaba viviendo encajaba más con la demisexualidad, sentir atracción sexual sólo al tener un vínculo emocional intenso. Me sentí tan conectado a Sunny desde el principio que cuando se dio la oportunidad ni siquiera tuve que pensarlo, me dejé llevar y fue la experiencia más maravillosa de mi vida. 
Birromántico: Sunny y yo fuimos novios varios meses, fue una relación con altas y bajas, que me enseñó muchas cosas y me hizo replantearme algunas otras. Sunny me hizo entrar en contacto con lados de mi persona que ni yo conocía bien, además me hizo darme cuenta de que en realidad sí, los chicos me gustan (tal vez algún día les cuente esa historia). Sunny se reconoció como una persona no binaria, así que, si me gustaba ellx, los chicos, y había salido con chicas, pero sexualmente sí necesitaba conexión, pues una etiqueta más a la lista, seguía siendo demisexual, pero birromántico, sintiendo atracción romántica por mí mismo género y por otros. Hay chicos bi y gays en el grupo de apoyo, así que ya no me parecía raro que a los chicos trans también pudieran gustarnos los chicos.
Gay: Sunny y yo terminamos nuestro noviazgo, pero no desapareció el vínculo que nos unía, ser novios era un desgaste para ambos pues esperábamos cosas distintas de la relación, pero el amor no se había ido, así que seguimos saliendo sin etiquetas. Sigue siendo un proceso de muchos aprendizajes, porque me hizo estrellarme contra algunas inseguridades sobre las que he empezado a trabajar. Desde hace meses me he permitido cuestionarme y explorar ciertas cosas, he tenido mucho tiempo para pensar, recordar y tratar de ponerle nombre a las cosas que he sentido desde niño.
Fue así como me di cuenta de que mi etapa lésbica no cuadraba por dos cosas, ni era una chica, ni me gustaban las chicas, por eso siempre me fijaba en imposibles, porque podía decir que me gustaba alguien, pero sabía que nunca pasaría nada y eso era cómodo para mí. Mi relación hetero no funcionó porque intenté ser una chica que sale con un chico, cuando realmente era un chico saliendo con otro. Todos esos chicos en secundaria y CCH que yo decía admirar y querer parecerme a ellos, en realidad me despertaban algo más, algo que carecía completamente de sentido para mí entonces, porque para mi yo adolescente era demasiado procesar que quisiera ser un chico, pero me gustaran los chicos. Que Theo en la serie de The Chilling Adventures of Sabrina fuera gay fue un “¿Ves? Sí se puede”.
Al admitir que podían gustarme los chicos y reconocer que no hay nada malo en ser trans y gay, hasta mi percepción del mundo cambió, me dio la libertad de expresar todas esas cosas que siempre me callaba, como lo mucho que me gusta el primo de Sabrina en la serie, o lo guapo que es Timothée Chalamet, o que yo también me apuntaba a una trieja con Polo y Valerio en Élite.
Empecé a decirme a mí mismo que entonces era bi, pero me inclinaba más por los chicos. “Estoy enamorado de Sunny, y si Sunny es una persona no binaria, no hay manera en que sea 100% gay” me decía. Pero al poco todo terminó de cuadrar y tener sentido cuando Sunny se descubrió como un chico trans, ahí se fue mi último rastró de bisexualidad, si Sunny también es un chico entonces ya no hay excepción. No importa con quién hubiera salido en el pasado, de cierto modo fui como cualquier chico gay de closet, saliendo con chicas para aparentar, diciendo que Angelina está bien buena para que no lo juzguen. Pero hoy ya no me parece extraño, ni quiero ocultarlo. Estoy enamorado de un chico y los chicos me gustan. Mantengo que la sexualidad fluye y yo fluyo, así que no sé si en algún momento saldré con otra sorpresa, pero por ahora ya no tengo reservas de compartir que soy, orgullosamente, un chico trans gay.

Actualización 2021: Salí con una persona de género fluido, y me di cuenta de que no es que no me atrajeran las chicas, sino que en su momento yo me forzaba a que me atrajera un determinado tipo de chica, lindas, delicadas y femeninas, que es el que se supone debía gustarme. Descubrí que lo que me atrae en realidad son ciertos elementos en su expresión de género en función de su identidad de género. Me atraen personas que se identifican como hombres, como mujeres, dentro del paraguas no binario, pero me atraen debido al estilo de masculinidad, feminidad o neutralidad que expresan, por lo que no me considero pansexual, sino bisexual, no me atraen las personas independientemente de su género, me atraen las personas de varios géneros, pero su género y expresión de género sí me son relevantes. Al día de hoy soy, orgullosamente un chico trans birromántico, demisexual, que se siente mayormente atraído por las expresiones de masculinidad "típicas" y por las expresiones que caen dentro de una ambivalencia fluctuante entre lo femenino y lo neutro. 

Nadir Kampz

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Normal

Dismorfia y disforia

¿Cómo ser un hombre?