Noche estrellada sobre el Ródano
Hoy les comparto otra pequeña historia de ficción que disfruté mucho escribir. Espero que ustedes la disfruten también.
NOCHE ESTRELLADA SOBRE EL RÓDANO
Una historia de Nadir Kampz
Rubén
llevaba quince minutos observando aquella reproducción, Van Gogh era uno de sus
pintores favoritos; y uno de sus más grandes sueños era ver el original en el
Museo de Orsay. Aquella pieza le evocaba tantas cosas, una mezcla de nostalgia
y esperanza lo invadían cada que la veía, ya fuera en el museo que visitaba con
frecuencia o en el fondo de pantalla de su computadora.
Rubén
era pintor, tenía obras originales hermosas y algunas cuantas
reinterpretaciones, “La noche estrellada sobre el Ródano” era una de esas
piezas que aún no se atrevía a tocar, quería hacerlo, pero sólo cuando tuviera
la idea perfecta.
─ Todos
aman “La noche estrellada”, pero a mí me gusta más esta ─ Rubén estaba tan
sumido en la pintura que aquella voz a su lado lo tomó por sorpresa, no sabía
en qué momento había llegado, pero junto a él estaba un hombre, el traje oscuro
perfectamente planchado y el portafolios de piel le hicieron pensar a Rubén que
se trataba de un oficinista o un empresario.
─
¿Disculpa? ─ preguntó Rubén contrariado y poco acostumbrado a que lo abordaran
desconocidos.
─ Lo
siento, es que llevas un buen rato viendo esa pintura y no pude evitar
acercarme. Soy Nicolás ─ el desconocido le extendió la mano derecha pasándose
el portafolios a la izquierda, Rubén la estrechó mirando con más atención al
hombre. Un par de ojos cafés enmarcados por unas gruesas cejas lo observaban,
sus rasgos marcados resultaban imponentes en primera instancia, pero con la
sonrisa se suavizaban un poco, y la barba cerrada le favorecía bastante.
─ Yo
soy Rubén ─ respondió el pintor tras soltar la mano de Nicolás ─ Entonces ¿Por
qué te gusta más esta noche estrellada? En cuestión de técnica e innovación la
otra es superior.
─
Claro, y el uso de los colores y las formas es sobresaliente, y blablablá, pero
el arte no es solo técnica e innovación ─ explicó Nicolás dejando su
portafolios sobre el piso, apoyado en una de sus piernas ─ No me
malinterpretes, no soy de los que creen que escupir pintura sobre un lienzo ya
es arte, pero sí creo que el arte es una extensión del alma humana. La técnica
de Van Gogh es impresionante en verdad, pero vamos, mira a tu alrededor, toda
esta gente… bueno, mal ejemplo ─ era martes por la mañana y en aquella sala no
había más que tres personas más ─ pero alrededor del mundo Van Gogh es uno de
los pintores más famosos, sus obras de las mejor valuadas, sus reproducciones
de las más vendidas. Tal vez la mitad de esa gente sean “possers”, un cuarto
expertos de arte que valoran la técnica y su legado, o psicoanalistas que
buscan demostrar cómo Vincent no había resuelto su complejo de Edipo, pero el
resto, entre el cual me incluyo, no estamos aquí por la técnica o su legado,
estamos por esa alma, no por un “esta obra nos remite a la tranquilidad que
aún invadía a Van Gogh en Arles”, sino por lo que mueve en nosotros. A mí,
la noche estrellada sobre el Ródano me da una alegría inmensa, una pareja de
enamorados, con uno de los ríos más importantes de Europa de fondo, en una
noche despejada y llena de estrellas… demonios, espero vivir algo así alguna
vez.
Nicolás
hablaba con una pasión que se veía ya muy poco, sus manos se movían mientras
hablaba, y el aspecto rígido que le daba el traje desaparecía por completo. A
Rubén le tenían sin cuidado las caras bonitas o los cuerpos esculturales, a
Rubén lo que le gustaban eran las mentes activas, despiertas, retadoras, Nicolás,
con toda esa explicación había pasado de ser un desconocido a alguien que en
serio quería conocer.
─
¿Alegría inmensa? Curioso, a mi me produce cierta nostalgia, pero también
esperanza ─ dijo Rubén perdiéndose en la obra otra vez ─ Coincidimos en algo, a
mi también me gustaría ser parte de un paisaje así alguna vez. Yo también creo
que el arte es una extensión del alma, por eso soy artista, porque no hay mejor
modo de expresar todo lo que somos por dentro que con el arte.
─ ¡Lo
sabía! Sabía que eras artista, o bueno, lo intuía ─ dijo Nicolás con una
sonrisa ─ No cualquiera pasa tanto tiempo frente a la reproducción de una
pintura con una mirada tan intensa.
─ ¿Tú
qué eres? ¿Abogado? ¿Administrador? ¿Relaciones Publicas? ─ Rubén seguía
intrigado.
─
Jajaja No… jajaja nada de eso ─ respondió Nicolás desternillándose de risa ─
Trabajo en el Porrúa de Chapultepec. Esto ─ dijo extendiendo las manos
señalando el traje ─ es porque vine a una entrevista de trabajo aquí cerca. De
hecho, yo también soy artista, o me encamino a serlo. Estudio cine, pero mi
sueldo en la librería ya no me rinde así que “audicionaré” para godín en una
empresa.
─ ¿Entonces eso pretendes con tus películas?
¿Poner tu alma en ellas y tocar el alma de los espectadores? ─ Rubén no conocía
a nadie que estudiara cine, aunque era un tema que le llamaba la atención
bastante.
─
Cortometrajes en realidad, creo que se pueden contar historias hermosas en poco
tiempo. Es como la vida, está llena de momentos fugaces y significativos que a
veces no duran más que unos minutos ─ A Nicolás le brillaba la mirada al
hablar, tanto que parecía la mirada de un niño ─ Y sí, quiero que esos
cortometrajes sean un reflejo de mi alma, y que el alma de todos aquellos que
los vean se refleje en ellos.
─ Pues
así son estas pinturas ─ respondió Rubén con la mirada clavada en la pintura ─
Claro, al artista le toma días, hasta meses completarlas, pero en exhibición, a
veces basta un vistazo para que nos ericen la piel, para que nos desborden las
lagrimas y nos revolucionen por dentro… yo tenía catorce años cuando montaron
una pequeña exposición de arte en la secundaria, vaciaron un salón, y lo llenaron
con reproducciones de pinturas famosas, yo ya conocía muchas porque de niño me
gustaba dibujar y mi abuelo me regaló un libro de arte ─ Rubén no tenía muy
claro por qué le estaba contando todo eso a un tipo que acababa de conocer,
pero no se detuvo ─ En el salón estaba La noche estrellada, claro, pero junto a
ella estaba Terraza de café por la noche, el uso de los colores me maravilló y
me quedé observándola un rato, después… supongo que fue amor a primera vista,
vi La noche estrellada sobre el Ródano y fue como si pudiera ver en el interior
de mi alma, aún no sé que fibras movió en mí, pero me quedé parado ahí un largo
rato, sentí un par de lagrimas resbalar por mis mejillas y ni siquiera me
importó que me vieran… en cuanto salí de la exposición corrí a la biblioteca a
ver si tenían algún libro de Van Gogh.
─ Amor
a primera vista… curioso concepto ─ Nicolás había escuchado a Rubén con una
sonrisa, pensando que nunca había conocido a alguien así, si no fuera tan
escéptico, se atrevería a decir que parecía cosa del destino ─ Casi lo mismo
que cuando fui por primera vez al cine. Te contaría la historia, pero casi es
hora de mi entrevista. ¿Tienes Whatsapp?
Rubén
y Nicolás intercambiaron números para seguir en contacto. Nicolás se fue a su
entrevista y Rubén regresó a su estudio.
Esa
misma noche Nicolás miraba el número de Rubén en su lista de contactos, quería
escribirle, tal vez un “Hola ¿Cómo estás?” o quizás algo más creativo como
“¡Hey! Mi nuevo artista favorito”, pero no se decidía, no quería parecer
ridículo ni desesperado.
Rubén
acababa de terminar la pintura que una mujer le había encargado, un gato gris y
obeso jugaba con una bola de estambre en el cuadro. Sacó del refrigerador un
muslo de pollo y lo puso sobre el sartén, junto a los espárragos que había
preparado esa mañana. Rubén tomó su celular para ponerse al día.
“Podrías
llamarlo” le dijo una voz en su cabeza “Ya sabes, algo casual, pregúntale qué
tal su entrevista”
─
¿Qué? No, no lo conozco bien, además… ni siquiera creo que sea gay ─ respondió
Rubén dejando el celular sobre el mostrador.
“Pues
si no te lo estás cogiendo ya, solo vas a platicar con él ¿Cómo vas a saber si
le gustan los hombres si ni siquiera platicas con él” la voz es su cabeza podía
ser muy elocuente “Y si no es gay, bueno, nunca está de más un amigo cineasta
¿No?”
─ Debí
pedirle su Facebook, así tendría más datos y sería más sencillo descubrirlo.
“Rubén,
no mames, no estás en Gossip Girl, si el chico te gusta llámale y conócelo mejor”
Rubén
vivía solo desde los veinte años, cuando había dejado su casa a causa de un
padre homofóbico y una madre que fingía que no pasaba nada. Su departamento era
su estudio y ganaba bien haciendo pinturas por encargo, además había conseguido
vender algunos de sus cuadros entre sus clientes. Todas las noches se preparaba
la cena y cenaba frente a la televisión mirando alguna serie. Puso la cena de
esa noche en un plato, encendió la televisión y se sentó en el sofá.
“Si no
le llamas tú, lo haré yo…” y justo cuando la voz insistía en que llamaran a
Nicolás, el tono de notificación de WhatsApp lo interrumpió.
Tienes que mostrarme tus pinturas alguna vez. Por cierto, soy Nicolas,
el impertinente del museo. 9:36 PM.
“¡Te
escribió! ¡Él te escribió! Vas, contéstale algo” Rubén dejó el plato sobre el
reposa brazos y se quedó mirando el mensaje. Iba a escribir un mensaje, pero se
le ocurrió algo mejor. Llevó el plato de regreso a la cocina, deshebró el
pollo, lo colocó en el plato esparciendo los espárragos alrededor y decoró todo
con salsa, después tomó una foto a su plato y la envío.
¿Pinturas? ¡Esta es una de mis
mejores obras de arte! 9:40 PM
Fue el
texto que acompañó a la fotografía. Aquello fue excelente para romper el hielo,
pues Nicolás también le envió una foto, menos artística, de su cena. Le contó
cómo estuvo su entrevista, y Rubén le habló de la pintura del gato obeso.
Intercambiaron mensajes hasta pasada la medianoche. Aquello se repitió los
siguientes cuatro días. Por la noche alguno de los dos enviaba una foto de su
cena y el otro respondía con la suya, para luego empezar a conversar.
Rubén
y Nicolás se contaron muchas cosas. Sobre sus épocas escolares, sobre su
familia, sobre su vida amorosa, con lo que Rubén descubrió que Nicolás era
bisexual. Y sobre todo hablaron mucho de arte, el lenguaje que ambos entendían
mejor.
La
tarde del sábado Rubén se armó de valor, motivado por la voz en su cabeza tomó
el celular y mandó un mensaje.
¿A que hora sales de trabajar
hoy? Te invito a cenar 4:20 PM
Los
siguientes tres minutos fueron para Rubén una eternidad.
Ah, excelente. Salgo las 8:00. 4:23 PM
Perfecto, paso por ti a la
librería. 4:24 PM
Rubén estaba
un tanto nervioso, tenía un rato sin tener una cita, y eso que no había sido
suficientemente claro con que aquello era una cita. Se puso a hacer algunos
trazos en su cuaderno de sketches para relajarse. Luego de un rato se dio un
baño y se alistó para salir. Pese a ser un artista la moda no era su fuerte,
prefería cosas cómodas para trabajar, así que terminó eligiendo unos jeans azul
claro y una camisa verde oscuro, se peinó el cabello hacía un lado, luciendo el
lateral que había estado dejando crecer y se puso un poco de la colonia que
tenía reservada para ocasiones especiales.
Nicolás
no esperaba la invitación de Rubén, de hecho, él planeaba invitarlo a salir el
martes, su día libre. Ir a algún otro museo, luego a comer y quizás al cine. Sin
embargo, la invitación no lo puso nervioso, le gustaba Rubén, y tenía la
impresión de ser correspondido, lo único que lamentaba es no haber llevado un
cambio de ropa ese sábado, como otras veces. Tendría que ir a cenar con su
camiseta de la librería y los jeans deslavados.
A las
ocho en punto Rubén ya estaba frente a la librería. Pensó en llevarle a Nicolás
algo, como unos chocolates, pero no a todos los chicos les iban esas cosas, así
que desistió.
Estoy afuera, la librería ya
está cerrada. 8:02 PM
Un par
de minutos después Nicolás se asomaba por la puerta de cristal, le hizo una
seña a Rubén, y éste entró.
─
Disculpa, es que estaba checando algunas cosas del inventario, termino en unos
minutos, mientras puedes curiosear ─ dijo Nicolás intentando no ser demasiado
obvio al notar lo bien que le sentaba el verde a Rubén.
Rubén
solo había estado en esa librería una vez, pero siempre le había gustado el
diseño, caminó sin rumbo entre los pasillos de libros, deteniéndose a ver
aquellos que le interesaban. Su camino lo llevó escaleras abajo.
A
Nicolás le tomó diez minutos más terminar su trabajo, y cuando alejó la mirada
de la computadora, no vio a Rubén. Cerró el sistema, apagó el equipo y se puso
a buscar al artista, una corazonada le indicó dónde estaba sin tener que
buscar.
Nicolás
bajó las escaleras deprisa, y tal como la corazonada indicó, Rubén estaba
afuera, con la mirada clavada en el lago. Nicolás se acercó en silencio y se
detuvo junto a Rubén, su mirada brillaba tanto como el agua del lago decorada
con las luces de las lámparas y unas pocas estrellas, los arboles también se
reflejaban en el agua. Movido por otra corazonada tomó la mano de Rubén, el
artista la apretó y entrelazó sus dedos con los de Nicolás.
─ La
encontré ─ dijo Rubén con una enorme sonrisa ─ Encontré mi noche estrellada
sobre el Ródano.
─
Sobre Chapultepec, en realidad ─ respondió Nicolás con una sonrisa, Rubén
estalló en una carcajada y no pudo contener el impulso de abrazar al cineasta.
“Ya,
bésalo” dijo la voz en la cabeza de Rubén, y esta vez, el artista obedeció, se
acercó a Nicolás y lo besó en los labios. El cineasta lo rodeó con los brazos
profundizando el beso. Cobijados por el manto estelar, junto al lago, ambos
habían encontrado su noche estrellada… sobre Chapultepec.
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