Dios del caos
Voy super atrasado, lo siento, esta historia sería la del día 16 y se trata de BDSM, si bien no son prácticas exclusivas de la comunidad LGBT+, sí forman parte de la disidencia sexual y cargan con bastante estigma y falta de información. Me gustaría aclarar que para nada soy experto en el tema y que esta obra es ficción y tiene como objetivo únicamente entretener, si quieren experimentar con practicas "BDSM" lo mejor es investigar mucho y hablarlo largo y tendido en pareja, trieja o el modelo relacional que corresponda. Esta historia tiene contenido altamente sexual, por lo que si eres menor de edad o no te sientes cómodo con estos temas, es recomendable que no la leas. Sin más que decir, disfrútenla.
DIOS
DEL CAOS
─ ¿Otra vez la estás
observando? Sabes que no debemos interactuar con los humanos, hay un letrero
que lo dice, y pusieron ese letrero gracias a ti.
El Dios del Caos
escuchaba al Dios del Fuego sin prestarle demasiada atención, era inevitable
para él, sentía como si esa chica lo llamara, estaba sedienta de un poco de
caos en su vida, era casi como si lo invocara.
─ La ultima vez que
estuviste con una humana casi provocas una guerra ─ continuó el Dios del Fuego,
que tenía la tarea de mantenerlo alejado de los problemas.
─ Y la última vez que
estuve con una diosa provoqué el fin del mundo, no entiendo tu punto, poniendo
las cosas en una balanza creo que la humana es menos peligrosa ─ explicó el
Dios del Caos sin apartar la vista de la Tierra ─ Además solo estoy mirando, si
le hiciera todo lo que quiero…
─ Pues basta de mirar,
tenemos cosas que hacer ─ dijo el Dios del Fuego tomándolo del brazo.
En la tierra, una
hermosa joven leía un libro de mitología recostada en la cama. Elizabeth
encontraba fascinante toda la mitología, griega, egipcia, nórdica, oriental, no
importaba. Incluso su nombre parecía destinado a esta fascinación, “la que ama
a Dios”, a los dioses, en plural, pensaba ella siempre.
Gran conocedora del
arte, era poseedora de una enorme colección digital de pinturas, esculturas y
grabados que representaban a los dioses de diferentes culturas, además de
varias producciones propias. De niña le encantaba leer sobre las aventuras de
los dioses, al crecer se dedicó a estudiarlas y retratarlas. Esa noche leía
aquel libro en busca de inspiración para su nueva obra, había terminado un
retrato de Artemisa y ahora quería retratar un Dios, pasaba las paginas no muy
convencida hasta que llegó a los dioses egipcios, su estética siempre le
pareció bastante interesante, todos los retrataban con esas cabezas
antropomórficas, pero era bien sabido que podían adaptar su imagen a su
conveniencia, podían lucir como ellos quisieran.
Su favorito de los
dioses egipcios era Seth, el Dios del Caos, así como Loki era su favorito de
los nórdicos, Chaos de los griegos y Ometéotl de los aztecas. Las deidades
asociadas al caos le encantaban. Instaló su caballete con algunas ideas en
mente.
Después de algunos cuantos
eventos caóticos desatados para mantener el equilibrio en el mundo, el Dios del
Caos regresó a sus aposentos en soledad, prometiéndole al Dios del Fuego que no
haría nada malo.
Echar un vistazo no era
nada malo, solo miraría un rato, para entretenerse un poco antes de descansar, le
gustaba mirarla pintar, leer o “jugar consigo misma”, como ella solía decir.
La chica estaba a mitad
de una pintura nueva, el Dios del Caos la observó con atención por unos
segundos, una sonrisa se apoderó de sus labios. El cabello negro y largo, los
rasgos finos y atractivos, esa intensidad en la mirada, las ropas egipcias, lo
estaba pintando a él.
─ Si eso no es una invocación,
no sé qué más lo sea ─ murmuró el Dios del Caos para sí mismo ─ Apuesto a que me
reconocería de inmediato, me sorprende el parecido… Ni siquiera se asustaría, se
postraría a mis pies y obedecería complacida cualquiera de mis ordenes ─ el
pensamiento le causó una oleada de excitación ─ Podría pedirle cualquier cosa y
ella aceptaría. ¿Qué podría salir mal?
Elizabeth pintaba
completamente absorta, a veces le pasaba, dejaba de ser consciente de todo, era
como si las imágenes vinieran a ella y no pudiera hacer más que plasmarlas. Cuando
volvió en sí miró la pintura a medio acabar, un escalofrío le recorrió la
espalda, nunca había pintado algo tan vivido, el Dios lucía hermoso, imponente
y perfecto, era como si esos ojos negros la estuvieran mirando en ese instante,
casi la seguían con la mirada. Elizabeth dio un par de pasos hacía atrás, los
ojos negros la siguieron, ella le devolvió la mirada confundida, pensó que tal
vez tanto oler pintura le producía alucinaciones.
─ No me estás
alucinando ─ una voz profunda salió del cuadro y los labios de la pintura se
curvaron en una sonrisa ─ Estoy aquí porque así lo quisiste.
Del cuadro salió el
Dios del Caos, primero algo traslucido, totalmente corpóreo segundos después,
tenía las mismas ropas con las que Elizabeth lo había pintado. Ella lo
observaba sin saber si gritar del susto o hacer una reverencia.
─ La reverencia me
vendría bien, soy un Dios después de todo ─ dijo él leyéndole el pensamiento ─
¿Susto? Quizás un poco, estás a punto de desatar el caos. Pero vas a
disfrutarlo como no te lo imaginas.
─ ¿Qué… está… quién… cómo
demonios…? ─ preguntó Elizabeth tartamudeando, sin poder poner en orden sus
ideas.
─ Ya te lo dije, estoy
aquí porque me invocaste ─ respondió el Dios acercándose a Elizabeth, hablando
a centímetros de su rostro ─ Soy Seth, el Dios del Caos. Tú eres Elizabeth, lees
acerca de nosotros desde hace mucho, nos pintas, no se lo dices a nadie, pero estás
convencida de que realmente existimos, te apena reconocerlo, pero incluso te
has preguntado si nuestras proezas sexuales son reales, y has “jugado contigo
misma” pensando en ellas.
─ ¿Cómo sabe todo eso?
─ preguntó Elizabeth sonrojada, pero pese a todo, no estaba asustada ─ ¿Quién se
lo dijo?
─ Por favor… ─ rio Seth
─ Soy un Dios, no hace falta que nadie me diga las cosas, las sé y ya ─ el Dios
tronó los dedos y todas las luces de la habitación se apagaron, dejándolos sumidos
en la oscuridad ─ Estás sedienta Elizabeth, sedienta de caos, de placer, de
descontrol, ríndete ante mí y te lo daré todo.
─ Me gusta mi vida
ordenada y controlada, gracias ─ respondió la chica tragando saliva ─ Pero hay
un montón de cosas que quisiera preguntarle.
─ ¿Hablar? ─ Seth rio
nuevamente, las luces se encendieron ─ No he venido a hablar, y sé que tampoco
es eso lo que tú quieres ─ El Dios proyectó una imagen en la cabeza de Elizabeth,
la chica, completamente desnuda, atada a la cama de pies y manos, los ojos
vendados, una mordaza impidiéndole hablar, el Dios golpeando sus pechos con una
fusta ─ Esto es lo que deseas.
Elizabeth estaba completamente
roja, más de una vez había fantaseado con eso, un Dios sometiéndola a su
voluntad, usando su cuerpo como instrumento de tortura y de placer, perdiendo
el control, entregándose al caos.
─ Entrégate a mí
entonces ─ susurró Seth a milímetros de sus labios ─ Entrégate al caos ─ la
lengua del Dios recorrió sus labios, pero justo cuando la chica iba a besarlo, él
se alejó ─ Debes decirlo primero.
─ Bien, acepto, me
entrego a usted ─ Elizabeth estaba un poco asustada, pero principalmente estaba
excitada, ya podía sentir la humedad en su ropa interior.
Seth hizo que Elizabeth
firmara algunos documentos, hasta él entendía que incluso dentro del caos, el
consentimiento y la información eran vitales para poder dejarse llevar con
libertad. Establecieron los limites para que el Dios supiera bien hasta donde
podía llegar, Seth explicó todo lo que podía pasar esa noche para que Elizabeth
consintiera informadamente. Al final sí que hablaron un rato.
Con apenas un chasquido
el Dios había aparecido un arcón con todo lo necesario para divertirse aquella
noche, claro que con otro chasquido la chica hubiera tenido atada y amordazada,
pero le quitaba diversión al asunto.
─ Estarás amordazada,
así que no podrás usar una palabra de seguridad, por lo que usaremos una seña
de seguridad ─ explicó Seth mientras ajustaba las correas a los tobillos de la
chica ─ ¿La recuerdas?
─ Sí ─ respondió
Elizabeth haciendo con los dedos la señal de victoria una y otra vez ─ Nada de
fuego, nada de fotos y sin los ojos vendados, voy a coger con un Dios, quiero
verlo todo.
─ Vas a coger con un
Dios, jajaja ─ rio Seth, ahora ajustando las correas de las muñecas ─ Yo te voy
a coger, tú no podrás hacer más que soltar gritos y gemidos ahogados en la mordaza
─ el Dios le colocó entre los dientes una elegante mordaza, se alejó unos
metros y sonrío complacido y excitado.
El Dios tomó un fuete
del arcón y comenzó a recorrer el cuerpo de Elizabeth con él, la chica se
estremeció al sentir el cuero frio sobre su piel, que subía lentamente sobre
uno de sus muslos, de pronto la caricia se detuvo y en su lugar un golpe que la
hizo gritar. Seth sonrió y continuó subiendo, un segundo golpe, ahora en el
abdomen, Elizabeth gritó más fuerte, sentía el cuerpo caliente, su
entrepierna hervía en ese momento. El fuete continuó su asenso hasta estrellarse
contra uno de sus pechos, El Dios observó las marcas rojizas, comenzaba a
ponerse duro, tomó a la chica de las caderas, ladeando un poco su cuerpo para azotar
su trasero con la palma, el sonido de su mano al estrellarse en las nalgas era
uno de sus favoritos, un segundo golpe cayó a centímetros del primero, Seth
sintió su miembro pulsar, echó un vistazo a las manos de Elizabeth, todo bien,
ninguna señal.
Elizabeth seguía los
movimientos del Dios con la mirada, se veía tan sensual con el cabello cayéndole
sobre el rostro y esas cejas en eterna expresión de superioridad, aún se
preguntaba si aquello era un sueño o fruto de una alucinación. “Que no es un
sueño, relájate ya o lo haré más fuerte” escuchó la voz del Dios en su cabeza. “Tal
vez sí sea un sueño” pensó ella. “Te lo advertí” dijo él de nuevo en su cabeza,
la lengua del Dios, ligeramente áspera envolvió uno de sus pezones, su boca
succionó con fuerza y sus dientes se clavaron alrededor de él, primero
suavemente, después con más fuerza. Elizabeth sentía sus gritos morir en la
mordaza y su entrepierna cada vez más húmeda, tenía al Dios encima suyo así que
en busca de contacto movió las caderas hacia arriba.
─ ¿Acaso quieres esto?
─ preguntó el Dios moviendo sus caderas contra las de la chica, esta vez fue un
gemido lo que casi escapó de sus labios ─ Veamos si ya estás lista.
Seth le metió un par de
dedos, que entraron con suma facilidad, la había visto meterse cosas incluso
más grandes, hasta un dildo con forma de tentáculo, así que metió uno más, las
caderas de Elizabeth se movían en busca de más contacto, el Dios retiró los
dedos y le dio una fuerte palmada en los labios mayores, el cuerpo de la chica,
que se estremecía a cada contacto, empezaba a perder el control.
─ Creo que ya estás
lista ─ anunció el Dios levantándose de la cama para desvestirse. Los ojos de
la chica no pudieron evitar posarse en aquel miembro grande y erecto, se
preguntó que se sentiría tenerlo en la boca ─ Tal vez cuando te quite la
mordaza te permita probarlo, hay un par de sitios donde me gustaría meterlo
primero.
Seth regresó a la cama
y se posó sobre Elizabeth, entró de inmediato, el cuerpo de la chica lo
esperaba con ansias, lo que más le gustaba al Dios de acostarse con humanos era
la aparente fragilidad de sus cuerpos, esa suavidad y calidez que los hacía parecer
romperse en cualquier momento, pero que en cambio se acoplaba a su ritmo y su
fuerza. Comenzó a mover las caderas con firmeza pero lentitud, le gustaba disfrutar
de todo aquello, sentir su glande abrirse paso entre las paredes, sentirlas a
estas cerrarse en todo lo ancho y largo de su pene, si la persona tenía la
suficiente profundidad, como era el caso de la chica, sentir sus testículos chocar
en la entrada, los movimientos de la chica se acompasaron pronto a los suyos. Sentirlo
entrar y salir estaba enloqueciendo a Elizabeth, si no estuviera amordaza sus
gemidos se escucharían en todo el edificio, lo que sus labios no decían, lo
decía su mente.
─ No iré más rápido,
iré tan lento como quiera, haré que me supliques por ello, me gusta verte enloquecer
por un orgasmo ─
dijo el Dios en voz alta, la chica lo miró a los ojos,
estaban completamente negros y perdidos.
Sus caderas siguieron moviéndose,
disfrutando del momento, sus labios se cerraron alrededor del cuello de Elizabeth,
era tan suave como lo imaginaba, con un ligero gusto salado a causa del sudor
de la chica.
─ Eres mía Elizabeth, a
partir de este momento tu cuerpo me pertenece y podre hacer uso de él cuando me
plazca ─ susurró Seth en su oreja, con una voz tan grave que la hizo estremecer
─ A cambio recibirás todo el dolor y el placer que has vivido anhelando tanto
tiempo.
El orgasmo recorrió al
Dios al sentir la vagina de la chica abrirse y cerrarse en un espasmo por su
propio orgasmo, el caos se desató a su alrededor, provocando que el piso
temblara y las ventanas crujieran.
Elizabeth apenas había
recobrado el aliento cuando notó que Seth desataba las correas. El Dios revisó
que sus muñecas y tobillos estuvieran bien, las frotó un poco para aliviar la
tensión y después le retiró la mordaza, la chica respiró profundamente por la
boca y lanzó varias dentelladas, sentía la quijada un poco entumida.
─ Espero que no tan
entumida, no hemos terminado, tengo planes para esa boca más adelante. En
cuatro, ahora mismo ─ ordenó el Dios mordiéndose el labio, la chica obedeció de
inmediato ─ Date vuelta.
Elizabeth giró, dándole
la espalda a Seth. La vista que el Dios tenía era magnifica, una de las nalgas
de la chica lucía completamente blanca, mientras la otra tenía un par de marcas
rojizas, ambas perfectamente formadas y apuntando hacia él. Pensó en azotarla
con el fuete, una paleta o un flogger, pero la suavidad de su piel hizo que
quisiera sentirla directamente.
La chica ya no estaba amordaza,
así que al caer la primera nalgada su grito llenó la habitación.
─ Vamos a jugar a algo
─ propuso Seth ─ si gritas me detengo, si no gritas, la siguiente será más
fuerte.
Usualmente el juego era
al revés, pero Elizabeth había demostrado no ser como el resto de las chicas, ella
quería más, el verdadero castigo sería parar, pero francamente, Seth tampoco
quería parar.
Las nalgadas fueron
cayendo mientras los gritos eran cada vez más difíciles de contener, a cada
nalgada el Dios del Caos se sentía más poderoso, más en control al desatar su
caos, más complacido al sentir a su compañera disfrutar del dolor.
─ ¡AAAAH! ¡Basta! ─
gritó Elizabeth después de la onceava nalgada, Seth se detuvo al instante.
─ ¿Estás bien? ─
preguntó el Dios, era bastante responsable con eso, jamás rebasaría un límite
ni continuaría si su pareja no está bien.
─ Sí, era demasiado
dolor ─ respondió ella entre jadeos ─ Pero no quiero parar, solo, no más
nalgadas.
Seth asintió, ya estaba
listo para una segunda ronda y aun había más cavidades por las que quería
entrar. Aquello se extendió un par de horas más.
Cuando el Dios del Caos
volvió a su mundo, estaba feliz, lleno de energía y con la excitación todavía a
flor de piel, entró a sus aposentos y en la oscuridad descubrió que no estaba
solo.
─ Veo que
desobedeciste, otra vez ─ gruñó el Dios del Fuego ─ Tendré que reportarte esta
vez.
─ No, no lo harás, sé perfectamente cuánto cuesta tu silencio, mi querido Agní ─ Seth tomó al Dios del Fuego por la cintura y lo atrajo hacia sí para besarlo, le encantaba el sexo con los humanos, pero con el Dios del Fuego, era completamente otro nivel, le esperaba aun una larga noche.
BDSM: Conjunto de practicas eróticas que incluyen el bondage, la dominación, la sumisión, el sadismo y el masoquismo, siempre de manera consensuada.
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