Dan, el lobo

 Sí, soy furro, y aunque lo furry no es exclusivamente LGBT+, buena parte del fandom y de los contenidos furry sí lo son, por eso hoy traigo una historia furry, inter especie y gay, sé que la idea era que fueran historias auto-conclusivas, pero me emocioné y la historia iba a salir muy larga, así que la dividí en dos partes, aquí la primera, disfruté muchísimo escribiéndola, así que espero les guste. 


DAN, EL LOBO

 

Dan no era un lobo como el resto, lo supo desde niños, él no salía a asustar a las liebres y los ciervos como sus compañeros, él se quedaba en casa, cuidando las plantas del jardín de su madre, dibujando aves en su cuaderno, lo cual era tarea difícil porque la mayoría echaba a volar en cuanto lo veían, o leyendo aquellas novelas de amor prohibidas donde el lobo se enamoraba de la oveja o el ciervo de una leona.

Dan ya no era un niño, tenía 17 años, acababa de entrar a su último año de bachillerato, estaba a un año de comenzar la universidad y era el único carnívoro en toda su clase que quería convertirse en veterinario, algunos lo miraban como un loco sádico que seguro quería torturar herbívoros, otros, que sabían de sus gustos literarios, como un pervertido que buscaba la ocasión de estar cerca de aquellas dulces ovejas y ciervas, y solo unos pocos, entendían que lo único que él quería era un trabajo donde pudiera usar más la mente que la fuerza.

Las cosas en la ciudad eran simples, y demasiado dicotómicas, los herbívoros se dedicaban a las ciencias y las artes, mientras que los carnívoros se encargaban de todo el trabajo físico, como la construcción, la seguridad y la limpieza, muchos decían que habían pasado de ser la especie dominante a ser los dominados. Las relaciones también estaban divididas, los carnívoros vivían en barrios de carnívoros, eran amigos de carnívoros, iban a la escuela con otros carnívoros, y solo podían casarse con carnívoros de su especie, lo mismo para los herbívoros. Cuando alguno iba contracorriente, aunque no se le impedía, era mal visto, segregado e incluso atacado por sus pares. Dan no estaba de acuerdo con nada de eso, él soñaba con un mundo donde herbívoros y carnívoros pudieran dedicarse a lo que quisieran, casarse con quien quisieran y ser ellos con toda libertad.

Iba pensando en todo eso, montado en su bicicleta, con la cola amarrada a la espalda para evitar otro accidente, cuando de la nada otra bicicleta, algo más pequeña, derrapó frente a él, sólo vio una mancha naranja cruzarse en su camino, tuvo que girar de golpe para no estrellarse, pero el otro no tuvo tanta suerte y fue a estamparse contra una cerca.

─ ¿Estás bien? ─ preguntó Dan bajándose de la bicicleta para ayudar al accidentado.

─ Eso creo ─ respondió un zorro, no muy alto, pero con un pelaje de hermoso color naranja y unos brillantes y encantadores ojos que le robaron el aliento a Dan por un par de segundos.

─ Déjame adivinar ─ dijo Dan ayudándolo a levantar su bicicleta ─ Tu cola se atoró en la rueda trasera, me pasaba seguido, tengo que amarrarla mirando hacía arriba en mi espalda, es un poco incomodo al principio, pero evitas accidentes.

─ Gracias por el consejo ─ respondió el zorro acomodándose la gorra y montándose en la bicicleta nuevamente ─ Me llamo, Nate, por cierto.

─ Dan ─ dijo el lobo extendiendo una mano ─ ¿Eres nuevo por aquí? No es común ver zorros por esta zona.

Los zorros eran una de las especies más curiosas, eran omnívoros, así que tenían esa ventana de libertad de poder elegir entre integrarse con los herbívoros o los carnívoros, y aun con eso, influía mucho su tamaño.

─ Mi familia se acaba de mudar ─ murmuró Nate ligeramente asustado, sabía que a los zorros pequeños no les iba muy bien en los barrios carnívoros ─ Mi papá murió hace un par de años y mi mamá se volvió a casar, ahora con un león, él piensa que estamos más seguros aquí… disculpa, tengo algo de prisa, es mi primer día.

─ ¿En el colegio de la calle cuarenta y tres? ─ Nate asintió ─ ¡Yo también estudio ahí! ─ dijo Dan entusiasmado, si conseguía hacerse su amigo, no estaría solo en la escuela ─ Déjame ayudarte con eso.

Dan sacó otra cuerda de su mochila, era usual que las perdiera porque se desataban con el movimiento así que siempre tenía de repuesto. Con sumo cuidado ayudó a Nate a atar su cola, la espalda del zorro era delgada y delicada, a Dan lo recorrió un escalofrío.

─ Listo, vamos juntos ─ dijo Dan montando en su bicicleta, ambos comenzaron a pedalear, el lobo un poco más lento de lo usual para mantener el paso del zorro ─ ¿Eres de primer año?

─ ¿Qué? ¡No! ─ exclamó Nate jadeando un poco ─ Estoy en tercero, sé que me veo más pequeño, pero estoy por cumplir 18 años.

─ Vaya, genial, yo también estoy en tercero ─ sonrió Dan, le alegraba saber que el zorro estaría en su misma clase.

Para cuando llegaron a la escuela, Dan ya le había contado a Nate acerca de las clases, los compañeros y los maestros, también le pidió que si alguien lo molestaba le avisara, tal vez no fuera el más rudo e imponente, pero algo podía hacer.

Tal como Nate había imaginado, no fue del todo bien recibido, muchos carnívoros pensaban que los zorros no pertenecían ahí, eran pequeños y solo comían ratas y conejos pequeños, nada impresionante. Para Nate no tenía mucho sentido, porque hace mucho que ningún carnívoro comía carne realmente, se alimentaban de sustitutos.

Al finalizar las clases no había hecho ningún otro amigo, en cambio se había ganado un par de empujones y varios “largo de aquí, pequeñín”, Dan estuvo con él todo el rato, hablando sin parar en los ratos libres, probablemente gracias a eso nadie se había atrevido a hacerle algo más.

Esa tarde Nate y Dan intercambiaron números y perfiles de Furbook y rodaron juntos de vuelta a casa, vivían a cinco minutos de distancia, así que acordaron verse a la mañana siguiente en la misma esquina donde se habían encontrado.

Dan agregó a Nate en cuanto llegó a casa, dejó la mochila en su escritorio, y se recostó en la cama, el zorro aun no respondía su solicitud de amistad, así que abrió una de sus paginas favoritas. Las cosas que él leía no eran muy bien vistas, si sus padres se enteraban seguro estaría castigado de por vida, por eso no se atrevía a comprar ningún libro, pero en esa pagina había de todo, desde novelas famosas hasta las escritas por gente común, que como él, pensaba que el amor no debería estar limitado a una especie. No tenía lecturas pendientes así que la pagina se abrió en la sección de categorías, las más populares eran león x ciervo y lobo x oveja, después estaban lobo x conejo, león x zorro, perro x gato, y hasta gato x rata. Dan bajó un poco más, hasta que encontró una que llamó su atención, lobo x zorro, hizo click. La pagina desplegó una serie de subcategorías, loba x zorro, lobo x zorra, loba x zorra y, finalmente, lobo x zorro, Dan sintió de nuevo ese escalofrío, entró, había 129 historias, cada una con el título, una pequeña descripción y su clasificación, muchas eran 18+. “Un lobo rebelde conoce a un tierno zorro en un bar…”, “Un lobo y un zorro se pasan de copas en una fiesta y…”, “Un zorro astuto se aprovecha de la nobleza de un lobo…”. Lo malo de muchas historias era que eran un tanto cliché y no hacían más que reforzar estereotipos y replicar las dinámicas típicas de las parejas intraespecie. “Un lobo que sueña con ser artista se enamora del primer zorro en jugar para la liga de futbol de carnívoros… 18+”, eso sonaba un poco más interesante, Dan ya había leído algunas historias para adultos, pero ninguna protagonizada por dos machos, con un cosquilleo en el vientre abrió la historia.

“Nate Renard ha aceptado tu solicitud de amistad”, la notificación cubrió parcialmente la pantalla, Dan dio un respingo y soltó el celular, se sonrojó y se cubrió el rostro a pesar de que nadie lo miraba.

 

CONTINUARÁ…


Nadir Kampz 


Furry: Subcultura que gira alrededor de la ficción, producción artística, personificación y representación de animales antropomórficos, es decir, animales con características físicas que asemejan a las humanas, y con cualidades de personalidad y sociales similares a las nuestras. 

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