El vestido amarillo

Hoy es turno de la T, y decidí compartir una de las historias que escribí para mi taller de cuento LGBT+, el género es tragedia, y aunque soy de la idea de que no toda la representación LGBT+ debe girar en torno a lo trágico, también creo que es importante recordar que el "pride" no es solo llenar todo de arcoíris, es hacer consciencia de las cosas a las que nos enfrentamos como personas diversas. La transfobia mata, la homofobia mata, la bifobia, las lesbofobia también matan, el odio mata. Si la gente supiera el poder que tiene una simple palabra, tal vez las cosas serían diferentes.


 

EL VESTIDO AMARILLO

 

─ Nena, ya despierta ─ el grito de su madre, seguido de un par de golpes en la puerta terminó por despertar a Daniel.

El chico se levantó de la cama y fue directo al baño, se miró al espejo con desgana, ahí estaba su reflejo, ese que tanto odiaba. El cabello largo, los rasgos finos, los pechos asomándose bajo la camiseta… apretó los puños con fuerza y se alejó de ahí. Era martes, su día favorito de la semana, tenía clase de Educación física así que podía llevar el pants en lugar de la falda de todos los días.

Daniel se puso el uniforme de deportes, y encima una enorme sudadera, escondió su cabello bajo la gorra y salió de su habitación.

─ Buenos días princesa ­─ lo saludó su papá al verlo entrar en la cocina.

─ Otra vez con esa gorra, Daniela ─ gruñó su mamá quitándole la gorra de la cabeza ─ deberías peinarte, tienes un pelo muy bonito.

─ Ya te dije que no soy Daniela mamá, soy Daniel ─ respondió el chico irritado, recuperando su gorra ─ Y llevo el cabello así porque no me dejas cortármelo.

─ No digas tonterías Daniela, tú siempre vas a ser nuestra niña ─ le dijo su papá mirándolo con una mezcla de dulzura y severidad ─ Esto se va a solucionar pronto, el doctor Ramírez te verá mañana, si le quitó lo desviado al hijo de doña Clara, también te va a poder ayudar a ti.

Daniel había escuchado mucho del doctor Ramírez y estaba aterrado, pero sobre todo le dolía que sus padres no pudieran entender algo tan simple como el hecho de que él siempre había sido un chico. Sus padres habían empezado a hablar de lo bien que le iba al hijo de doña Clara ahora que era un hombre hecho y derecho, así que Daniel se fue sin desayunar.

En la escuela las cosas no eran diferentes para Daniel, sólo su mejor amigo sabía que era un chico, se lo contó a la orientadora en busca de ayuda, pero las reglas eran estrictas, sus documentos decían que era mujer así que debía usar el uniforme adecuado. Daniel sabía quién era desde muy pequeño, solía decirles a sus primos que era un niño, ellos reían y le seguían el juego, pero cuando su mamá o sus tías lo escuchaban siempre era lo mismo “No digas tonterías ¿Cómo vas a ser un niño?”. Se acostumbró a todo aquello, al uniforme, al baño de niñas, a los halagos, a los cuidados extremos, a tener que aparentar. Se acostumbró, pero eso no significaba que no doliera, y en realidad no sabía ni por qué dolía tanto, ellos tenían razón, su cuerpo, su cara, su nombre, todo en él era de niña, cuando a los once años aparecieron las manchas rojas en su ropa interior comprendió que estaba condenado para siempre.

Poco después de cumplir catorce años, Daniel había descubierto en internet que no era el único, que había más chicos que como él, que al nacer les habían dicho que eran mujeres pero nunca lo fueron, y que conseguían ser ellos mismos gracias a las hormonas y los grupos de apoyo, emocionado se lo contó a sus padres, pero la respuesta fue la misma que todos esos años… “no digas tonterías…”. El chico insistía cada tanto, como esa mañana, pero lo más que había conseguido era hacer enojar a su padre y que él se decidiera a llamar al famoso doctor Ramírez.

Daniel estaba cansado, estaba harto de mirarse cada mañana y encontrarse en el espejo con esa imagen que no era la suya, en sus sueños Daniel era un chico, con el pecho plano y el inicio de una barba como el resto de sus compañeros, en sus sueños vestía pantalones, orinaba parado, su voz comenzaba a cambiar, y ponía nerviosa a Ximena cuando se acercaba a ella, en sus sueños todo tenía sentido. Cuando despertaba no había barba, ni pecho plano, y Ximena lo miraba con desprecio cada que se le acercaba. Afuera era cualquier cosa, menos él mismo.

Regresó a casa esa tarde lo más lento que pudo, era cumpleaños de su abuela e irían a visitarla así que entre más tardaran en llegar, menos tiempo pasarían con ella.

─ Tu vestido está en la cama, no te tardes mucho que ya vamos tarde ­─ le dijo su madre a modo de saludo. Daniel subió a su habitación, sobre su cama esperaba un adorable y horrible vestido amarillo, el chico se lo puso tratando de contener la rabia que aquello le producía, le llegaba encima de las rodillas y los tirantes dejaban al descubierto sus delgados hombros, el vestido se ceñía remarcando su cintura y sus pechos… Daniel se sacó el vestido rasgándolo con las manos, se puso su sudadera enorme y unos jeans, tomó las tijeras del cajón y se dirigió al baño con decisión. Con cada mechón de cabello que veía caer en el lavabo Daniel se sentía varios kilos más ligero, pero el espejo le seguía regresando un reflejo que no era el suyo, no veía más que a una chica con el cabello mal cortado, golpeó el espejo con furia y este se hizo añicos. Miró los pedazos de cristal caer sobre su cabello en el lavabo. Sabía lo que tenía que hacer para ser libre, sabía dónde podría ser él mismo.

En la cocina la madre de Daniel daba los últimos toques al pastel que llevarían esa tarde, su padre esperaba con el celular en la mano. Pasaron diez minutos, quince, veinte. 

─ ¿Cuánto puede tomarle a esta niña ponerse en un vestido? ─ la madre de Daniel subió las escaleras marcando los pasos para expresar su molestia.

Su grito llegó hasta los oídos de su marido en la cocina, el hombre subió corriendo y se quedó en el marco de la puerta al ver a su mujer llorando en el piso, abrazando el vestido amarillo destrozado y manchado de sangre, levantó la mirada para encontrarse con el cuerpo inerte sobre la cama, con el cabello corto y esa ropa, por primera vez veía realmente a Daniel, a su hijo.


Nadir Kampz 


Trans: Persona cuya identidad de género es diferente a la que se le asignó al nacer. 

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