Teenage Dream

Y ahora sigue la B, de bisexual, esta historia tiene contenido sexual explicito, así que si son menores de edad o no se sienten cómodos con lo explicito, les recomiendo no leerla. No quedó tan corta como esperaba, pero disfruté mucho escribiéndola, así que espero también la disfruten. 


TEENAGE DREAM

 

Carlos tenía una pila enorme de artículos por leer, una montaña de ropa sucia por lavar y sólo un fin de semana libre, no entendía qué estaba haciendo en ese bar, pero cuando Daniela, su mejor amiga, le dijo que tenían que verse para celebrar su cumpleaños, no pudo negarse. Desde que ambos terminaron la Universidad se veían cada vez menos, pero habían prometido siempre estar ahí para las fechas importantes. Carlos no era para nada un chico fiestero, así que no tenía mucha idea de cómo ir vestido a un sitio de esos, eligió sus mejores jeans y la camisa más casual que pudo encontrar en su clóset. Llegó al bar antes que Daniela así que pidió una cerveza y esperó en la barra.

Carlos echó una hojeada a la gente en el bar, estaban los solitarios, sentados como él, en la barra, no podía evitar imaginar las trágicas historias detrás de esos hombros caídos y esas miradas tristes clavadas en el fondo de los vasos de whisky. También estaban los grupos de amigos que llenaban las mesas, cada que miraba hacia ellos, un mesero ya estaba llevando una nueva ronda de botanas o bebidas, ocasionalmente un flash iluminaba sus rostros sonrientes y sonrojados. Y finalmente estaban los solteros, de pie transitando por todo el bar, invitando tragos y teniendo conversaciones banales para impresionar a su nueva conquista, a veces con la expectativa de una noche de sexo, otras con la esperanza de estar encontrando el amor. Y luego estaba él, un soltero solitario, estuvo enamorado de Daniela un par de meses durante el primer año de la Universidad, hasta que se enteró que era lesbiana y supo que nada iba a pasar, tiempo después tuvo una relación de casi tres años con Laura, y había estado soltero desde que terminaron, dos años atrás. Ligar en los bares no era lo suyo, por eso estaba con los solitarios.

─ Veo que aprovechas bien el tiempo ─ dijo Daniela detrás de su hombro, estaba tan concentrado mirando a la gente que no la vio entrar, ni se dio cuenta de que ya se había bebido casi toda su cerveza.

Carlos se levantó para abrazarla y fue cuando reparó que no venía sola. Un chico alto, de piel morena y cabello oscuro la acompañaba.

─ Este es mi primo, Gabriel ─ dijo Daniela a modo de presentación ─ Acaba de mudarse a la ciudad y no me lo he podido quitar de encima.

─ Dani me dijo que iba a salir con unos amigos, no había manera en que me quedara en casa un viernes por la noche ─ dijo el chico con una voz grave y un ligero acento que Carlos no supo identificar.

─ Yo soy Carlos, amigo de Daniela de la Facultad ─ se presentó el chico extendiendo una mano, Gabriel la estrechó con firmeza.

Daniela pidió la mesa que había reservado y de inmediato llegó una mesera a atenderlos. Carlos pidió otra cerveza, Daniela un mojito y Gabriel, con quien la mesera insistía en coquetear, pidió un vodka con jugo.

─ Los demás no deben tardar en venir ─ dijo Daniela mirando su celular ─ Carlos, nada de trabajo esta noche, he invitado a un par de amigas y quiero que conquistes a alguna, no que las mates de aburrimiento.

─ ¿En que trabajas? ─ preguntó Gabriel con una sonrisa inocente para hacer enojar a su prima.

La sonrisa de Gabriel puso un tanto nervioso a Carlos, pero se las arregló para explicar su investigación en psicofarmacología, para su sorpresa Gabriel se mostró genuinamente interesado, al menos los diez minutos que Daniela los dejó hablar antes de que llegara el resto de los invitados.

Las siguientes dos horas Carlos se permitió olvidar el trabajo que le esperaba en casa y divertirse. Estuvo platicando con las amigas de Daniela, eran inteligentes y simpáticas, pero en realidad ninguna le había gustado, y ellas parecían más interesadas en Gabriel que en él. Podía entender por qué, no se podía negar que el chico era atractivo, esos rasgos marcados, la barba bien definida, la sonrisa perfecta. Era más alto que la mayoría de los chicos del bar, la camiseta negra y ajustada revelaba unos brazos fuertes y una espalda amplia, los jeans, aunque algo holgados, enmarcaban lo necesario tanto en la parte trasera como en la delantera…

Carlos detuvo sus pensamientos. ¿Qué rayos había sido eso? Se dio cuenta que sudaba. En ese momento Gabriel se encontraba en la pista, bailando con una de las amigas de Daniela. Bailaba tan bien que Carlos no pudo evitar preguntarse si esas caderas se moverían igual de bien en una posición más horizontal. Comenzaba a preocuparse, nunca había pensado así de un hombre, a él le gustaban las mujeres, estaba seguro, apenas la noche anterior se había puesto duro mirando las fotos de una modelo en Instagram. Pero ahí estaba, tragando saliva porque Gabriel volvía a la mesa con la camiseta pegada al cuerpo por el sudor.

─ ¿Estás bien? ─ le preguntó Gabriel sentándose junto a él ─ Ya se te subió, ¿verdad? Estás rojo y estás sudando. Vamos afuera a tomar aire.

Carlos aceptó, no podía negar que quedarse a solas con Gabriel lo ponía nervioso, pero también quería pasar más tiempo con él, se sentía como un adolescente, una canción de Katy Perry se le vino a la mente. Lo siguió hasta la salida del bar, pasaba de media noche pero aún se veía gente pasar por la calle, un grupo de chicos a los que reconoció del bar fumaban bajo la luz de un poste.

─ ¿Daniela sabe que eres gay? ─ le preguntó Gabriel tomando un cigarro de una cajetilla aplastada que sacó del bolsillo trasero del pantalón.

─ ¿Qué? No, yo no… ─ tartamudeó Carlos sonrojándose por completo ─ Me gustan las mujeres.

─ Jajaja ya veo, bisexual. Tú no sabías que lo eres ─ dijo el chico dando una larga calada al cigarro ─ Pues me halaga ser el que te haga descubrirlo.

─ ¿Por qué piensas eso? ─ preguntó Carlos sintiéndose descubierto.

─ No me has quitado la mirada de encima en toda la noche ─ respondió Gabriel guiñándole un ojo ─ No pareció molestarte que las chicas que Dani invitó para presentarte se fijaran en mí, y te pones nervioso cuando me acerco.

─ Bien, sí, eres el primer hombre que me hace sentir estas cosas ─ confesó Carlos buscando mirarle a los ojos, cosa difícil pues le sacaba cerca de veinte centímetros de altura.

─ Yo sí soy gay, por si te interesa… ─ dijo Gabriel levantando las cejas ─ Dani estará aquí otro par de horas, podemos aprovechar.

─ Yo vivo solo, mi departamento no está muy lejos ─ Carlos no sabía de donde había sacado el valor, pero estaba invitando a un chico a su casa.

Entraron a despedirse de Daniela y a pagar sus cuentas, durante el camino al departamento de Carlos, Gabriel le contó acerca de su salida del clóset y de lo difícil que fue crecer como un adolescente gay en el campo, razón por la que en cuanto cumplió la mayoría de edad se mudó solo.

El departamento de Carlos consistía apenas de dos cuartos, la habitación y una cocina-comedor-sala.

─ No tengo cervezas, pero tengo tequila ─ ofreció en cuanto dejó a Gabriel pasar.

─ Un vaso de agua estaría mejor ─ dijo Gabriel recorriéndolo con la mirada ─ Me gustas, quiero estar en mis cinco sentidos.

Carlos le entregó un vaso de agua fría a Gabriel, que se lo bebió de dos largos tragos.

─ Yo nunca he estado con otro chico… ─ empezó a decir Carlos, nervioso.

─ Eso ya lo sé ─ sonrió Gabriel mojándose los labios con la lengua en un gesto bastante sensual ─ Normalmente estas cosas empiezan con un beso.

Y acto seguido tomó a Carlos por la cintura, lo atrajo hacía él y le plantó un beso en los labios, Carlos se dejó llevar por el ritmo que marcaban los labios de Gabriel, siempre pensó que los besos de un chico serían más toscos, pero los de ese chico eran suaves, húmedos y le aceleraban el corazón.

─ Déjate llevar ─ le susurró Gabriel al oído tras romper el beso. Los labios del chico descendieron por su cuello, arrancándole varios gemidos que no pudo reprimir ─ ¿Sabes qué es lo mejor de tener sexo con un hombre? Puedes dejarte llevar, no voy a pensar que eres menos hombre por escucharte gemir, no sabes lo mucho que me pone oírte.

Carlos dejó de reprimirse y una sinfonía de gemidos agudos y graves escaparon de sus labios, las manos de Gabriel, hábiles y expertas, consiguieron sacarle la camisa sin siquiera desabrochar los botones, encontrándose así con una piel un poco más blanca que la de su rostro. Su lengua recorrió todo su torso, desde los hombros hasta el ombligo.

─ Espera ─ lo frenó Carlos ─ ¿Podemos ir a la habitación?

Gabriel sonrió y siguió al chico hasta su habitación, un cuarto pequeño y desordenado, una cama desecha los esperaba. Bastó un pequeño empujón para que el cuerpo de Carlos cayera sobre la cama, Gabriel se quitó la camiseta, le desabrochó el pantalón y lo bajó con una lentitud teatral.

─ Tsss, esto se está poniendo duro ─ bromeó al ver la pequeña carpa en los boxers de Carlos, que no duraron más de dos segundos en su lugar antes de que se deshiciera de ellos.

─ ¡Dios! ─ exclamó el chico al sentir la lengua de Gabriel subir de sus testículos al glande ─ ¡Aaah, Dios mío!

No era la primera vez que alguien se la chupaba, pero había algo diferente, tal vez fuera la completa desinhibición del joven que tenía entre las piernas, el placer con el que parecía disfrutar de todo aquello, o que para Gabriel no era juego previo sino un acto en sí. El orgasmo sacudió a Carlos mucho más rápido de lo que le hubiera gustado, pero de manera tan intensa que echó la cabeza hacia atrás y no tuvo tiempo de salir de la boca de Gabriel.

─ Mira, yo regularmente soy activo ─ dijo Gabriel una vez que Carlos recobró la calma en su respiración ─ Pero es tu primera vez, entiendo si no quieres…

─ Sí quiero ─ respondió Carlos, que había dedicado suficientes minutos imaginando las caderas de Gabriel moviéndose contra su cuerpo como para negarse ─ Tengo algo de lubricante que me dieron en una feria de salud sexual.

Mientras Gabriel se quitaba los pantalones, Carlos abrió el cajón junto a su cama y sacó una tira de condones y un pequeño frasco de lubricante.

─ Vale, empezaré con mis dedos para dilatarte un poco, date vuelta ─ ese tono autoritario de Gabriel lo excitó más. Se colocó en cuatro como había visto varias veces hacer a las chicas en el porno ─ Si te pones así se te cansarán las muñecas, inclínate hacia adelante, puedes recargarte sobre tu torso o con los brazos en posición de plancha.

Carlos obedeció, sintiéndose más cómodo y notando que así levantaba más el culo. Sintió primero el frío chorro de lubricante, después, un dedo dibujando pequeños círculos para abrirse paso entre su ano, el dedo entró con bastante facilidad y en cuestión de segundos uno más se unió al juego, el chico jamás imagino que eso pudiera sentirse tan bien, de hecho, estaba un poco asustado, pero los dedos de Gabriel se movían con tanta facilidad que perdió el miedo rápidamente.

─ Creo que estás listo ─ dijo Gabriel cuando el cuerpo de Carlos se acostumbró al tercer dedo. Retiró sus dedos, se puso un condón y se aseguró de usar suficiente lubricante, tanto en su pene como en el ano de Carlos ─ Voy a hacerlo ahora… ¡Uhmm, sí, demonios!

Con todo y la preparación previa, Carlos sintió un poco de incomodidad cuando Gabriel se abrió paso dentro de su cuerpo, el frío del lubricante ayudó al principio, pero cuando las caderas de Gabriel comenzaron a moverse, el lubricante se calentó. Carlos intentó relajarse lo más posible, las embestidas de Gabriel eran lentas, suaves, conscientes de la inexperiencia de su compañero.

─ Quiero escucharte ─ le susurró Gabriel al oído con una voz baja y ronca. Carlos dejó fluir los gemidos que nacían en su garganta, los de Gabriel eran más cercanos a gruñidos, uno llamaba a Dios mientras el otro no paraba de invocar demonios.  

Pronto la incomodidad dio paso al placer, Carlos al fin se creía aquello de que el punto G de los hombres está en el recto, pues en casi diez años de tener sexo con mujeres, nunca había sentido un placer así. Gabriel aumentó el ritmo poco a poco, sus caderas se movían con ritmo y soltura, tal como en la pista de baile, habían comenzado bailando un suave vals y ahora bailaban más bien un perreo intenso. Se aferró a las caderas del chico y tras un par de embestidas más, terminó.

Carlos se dio vuelta en cuanto sintió a Gabriel salir de su interior, seguía en esta nube de relajación post orgasmo.

─ ¿Estás bien? ─ preguntó Gabriel después de quitarse el condón y tirarlo junto a la cama, Carlos asintió con una sonrisa ─ Perfecto, porque no soy hombre de una sola ronda y aún hay muchísimo que quiero enseñarte.

Carlos soltó una carcajada y se abalanzó sobre ese chico al que acababa de conocer. Sí, era bisexual ¿Qué más daba? No cambiaría esa noche ni por toda la heterosexualidad del mundo.

Nadir Kampz


Bisexual: Persona que siente atracción sexual y/o afectiva por su propio género y por otros.  

 

 

 


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