He is like a rainbow
Hoy es el turno de una identidad de género con poca representación que se ubica dentro de las identidades no binarias, me refiero a las personas bigénero. Amé escribir esto, así que espero que lo reciban con el mismo cariño y lo disfruten tanto como yo.
HE IS LIKE A RAINBOW
La primera
vez que la vi tenía el cabello suelto, cayendo sobre sus hombros en ondas, traía
puesto un vestido floreado y estaba absorta en un libro, se veía tan
concentrada que no me atreví a hablarle. La segunda vez no podía creer que fuera
la misma persona, pero hubiera reconocido esos ojos en donde sea, llevaba el
cabello metido en un gorro, unos jeans negros y una camisa de dinosaurios, me
pareció el chico más genial que había visto y supuse que ni siquiera notaría mi
presencia. La tercera vez no iba a dejar pasar la oportunidad, estaba sentada en
la mesa junto a la ventana, de nuevo capturada por un libro, me acerqué sin
saber qué decir.
─ Hola
─ saludé parándome frente a ella ─ ¿Qué estás leyendo?
Ella me
dirigió una mirada de incredulidad. “¿Quién era yo y por qué estaba tapándole la
luz?” me preguntó, sonreí apenado y me presenté.
─ Mi
nombre es Alfonso, yo también vengo aquí seguido ─ dije ─ No quería molestarte,
solo, quería saber tu nombre y preguntarte si puedo invitarte otro café.
─
Sunny ─ respondió ella, con un amago de sonrisa que no supe si era irónica o
genuina ─ Y me halagas, pero no soy lo que tú crees. Me invitarás ese café,
platicaremos, voy a gustarte, saldremos un par de veces, sentirás que te
enamoras de mí, pero después descubrirás que no soy la chica que esperabas, y te
irás, como todos los demás.
─
¿Qué? ¿Por qué piensas eso? No me iré ─ le respondí con franqueza, sin saber a
qué se refería siquiera ─ Yo no soy como los demás.
─ Todos
lo son, aunque digan que no ─ dijo ella colocando el separador en su libro ─ Déjame
ahorrarte algo de tiempo y vamos a dejarlo así.
Y sin
más, tomó su libro, dejó un billete sobre la mesa y se marchó. No la volví a
ver en un mes, hasta pensé que había encontrado un nuevo café, por eso cuando
lo vi cruzar la puerta me sorprendí. Iba muy casual, con unos shorts azules, gorra
negra, y una playera rosa. Se sentó en la mesa de siempre.
─
Sunny ─ dije a modo de saludo ─ Nos conocimos aquí hace un mes.
─ ¿Otra
vez tú? ─ respondió él volteando los ojos al cielo ─ Alfonso ¿Verdad? Creí
haber sido claro contigo la ultima vez, no soy lo que tú crees.
─ ¿Te
refieres a…? ─ le pregunté señalando su ropa ─ Dijiste “claro”. ¿Eres trans?
─ ¡Vaya
manera de preguntarlo! ─ bufó Sunny ─ Es, mucho más complicado que eso, créeme.
─ Bueno,
explícame ─ le propuse ─ No soy tan inexperto en temas de diversidad, de hecho
soy bisexual.
Sunny me
invitó a sentarme, no muy convencido, por casi una hora me explicó que era un
chico y una chica, las dos cosas a la vez, me contó como fue qué se dio cuenta
y lo difícil que era a veces enfrentarse a las personas que lo tachaban de
indeciso, lo acusaban de querer llamar la atención o no lo tomaban en serio. Me
dijo que los pronombres no eran para ella un tema, él mismo a veces se
sorprendía mezclándolos, se había vuelto algo divertido, sobre todo al ver el
rostro de confusión de los otros. Sunny no era su nombre de nacimiento, pero le
gustaba la dualidad que había en él, podía ser un nombre tan femenino o
masculino como quisiera, así como ella, que un día podía salir maquillado y con
vestido, y al otro se sentía muy cómoda con jeans y camisas. No es que un día
fuera mujer y al siguiente hombre, siempre, en todo momento, era ambos, pero si
para la gente era más fácil decirle “ella” cuando llevaba faldas y “él” cuando
usaba pantalón, qué mas daba.
Esa tarde,
después de tres horas, seis cafés y dos ordenes de crepas, nos hicimos amigos.
Era fascinante
conocer a Sunny en cada una de sus facetas, Sunny, el lector empedernido que
soñaba con escribir, Sunny, la talentosa dibujante que quería hacer libros para
niños, Sunny, el guitarrista, que amaba tocar covers y cantar duetos consigo
misma, Sunny, la repostera, Sunny, el fotógrafo, Sunny, el botánico, todo en ella,
todo en él, me tenía fascinado. Sunny no había mentido, fue inevitable para mí
enamorarme, pero en algo se había equivocado, sabía que Sunny no era la chica
que yo pensaba, y en realidad tampoco era el chico que pensaba, era eso lo que
más me gustaba de Sunny, que no era predecible, que era espontanea, inesperado
y alucinante.
Estuvimos
juntos por dos años. Con Sunny conocí el amor más dulce y apasionado, la
dualidad de la chica dulce y el chico cool, la chica decidida y el chico
despistado, todo en él era una dualidad que convergía, se entremezclaba y se
expandía en algo hermoso. Él era como un arcoíris, ella era como una galaxia,
él, ella, era magia.
Pero chicos, a veces las historias de amor no son para siempre, a veces se acaban con un “te quiero” y un “hasta pronto” que sabes que no llegará. A veces las historias de amor terminan, pero si hay algo bueno en todo esto, es que Sunny me enseñó que sin importar lo que digan los demás, debemos ser nosotros mismos, siempre, y les cuento todo esto, porque sé que en ustedes también yace la valentía de ser ustedes mismos, de luchar por defender aquello en lo que creen, de amar y expresar sin miedos y sin límite, tal como Sunny me enseñó a hacerlo.
Nadir Kampz
Bigénero: Persona que se identifica con dos géneros al mismo tiempo.
Comentarios
Publicar un comentario