Renacimiento
Siguiendo con la letra T, ahora traigo la contraparte de la historia anterior. ¿Qué pasa cuando sí recibes el apoyo de tu familia? ¿Cómo cambian las cosas cuando erradicamos la transfobia?
Hoy hace tres años que realicé mi cambio legal de nombre y género, recordé todas las cosas que sentí ese día, lo que me inspiró a escribir esta historia, mucho más esperanzadora, para decir en alto que nuestros cuerpos son válidos y hermosos, y para recordar que el derecho a la identidad debería ser algo a lo que tiene acceso cualquier persona trans y no solo los de algunos estados de la republica.
RENACIMIENTO
La
dismorfia atacaba otra vez, el muchacho se miró al espejo, sus caderas amplias,
sus pechos turgentes, el enredado vello púbico que no desembocaba en un pene,
sino en su vulva.
Se
miró al espejo preguntándose por qué había nacido con ese cuerpo. Respiró
profundamente un par de veces y se miró a detalle. Su piel morena aún lucía
suave a dos meses de iniciado el tratamiento con testosterona, lo comprobó al
pasar las yemas de sus dedos sobre su cuello, un escalofrío lo estremeció. Los
dedos del chico descendieron por el espacio entre sus senos, estiró la mano y
cubrió uno de ellos por completo... un inesperado suspiro escapó de sus labios,
apretó con firmeza mientras se observaba al espejo.
Llevó
la otra mano al seno libre, ahí, con las manos contra el pecho, casi parecía el
torso de cualquier otro chico, pero esta vez su atención no fue captada por la
imagen, sino por las sensaciones.
Sus
manos se acariciaban con suavidad para luego apretar sus senos con fuerza.
"Y si..." el chico llevó una de sus manos hacia abajo, sin apartar la
vista del espejo hundió su mano entre sus piernas, su clítoris despertó al
contacto, un solo toque bastó para erizarle la piel. El chico se mordió el
labio reprimiendo un gemido, separó un poco más las piernas y mientras su mano
atendía a su clítoris, sus ojos se clavaron en el rostro del espejo...
Los
labios entreabiertos, los ojos entrecerrados, la cabeza echada hacia el
frente... el espejo le devolvía la imagen de un chico acercándose al éxtasis,
no importaban las pronunciadas caderas, o los pechos con su suave balanceo, no
importaba que en ese momento lo que lo llevaba al orgasmo era el clítoris, en
el espejo reconoció al chico que era, entregado a su propio placer...
Un
par de golpes en la puerta lo sacaron de su trance.
—
Ya voy — dijo Mario vistiéndose lo más rápido que pudo, entrar en la camiseta
compresora nunca era una tarea sencilla, pero valía la pena al ver lo bien que
se le veían las camisas con el pecho plano.
—
¿Qué tanto hacías, wey? — le preguntó Rodrigo, su mejor amigo, entrando al
cuarto apenas Mario abrió la puerta — ¿Ya estás listo? ¿Ya estás listoooo?
—
Creo que estás más emocionado que yo — respondió Mario tomando el folder que
esperaba en su escritorio para revisar los documentos una vez más.
—
Jajaja pues es que siempre has sido mi bro, pero ya va a ser oficial.
Rodrigo
había sido amigo de Mario desde los diez años, lo acompañó en su primera visita
al psicólogo a los dieciséis, y los dos llevaban desde entonces contando los
días, el cumpleaños dieciocho de Mario coincidiría con el día en que cambiaría
su acta de nacimiento, ya era mayor de edad y por fin podía cambiar su nombre
legalmente.
—
Todo listo — dijo Mario regresando los documentos al sobre — Vámonos.
Los
dos chicos bajaron las escaleras, en la sala los padres de Mario esperaban
nerviosos.
—
¿Cómo te sientes, amor? — le preguntó su madre levantándose del sillón.
— Muy
emocionado, má — respondió Mario abrazando a su madre — Llevo queriendo esto
desde niño prácticamente.
—
Bueno, entonces vamos, chaparro — le dijo su papá tomando las llaves del auto.
Los
cuatro subieron al viejo Nissan del señor López y se
encaminaron al Juzgado del Registro Civil. Los señores López, con todo y dudas,
habían apoyado a Mario desde el principio, era bastante afortunado, había
escuchado historias terribles, la semana anterior había leído en internet
acerca de un chico llamado Daniel que se había suicidado la misma tarde que su
madre lo había obligado a usar un vestido, él llevaba cinco años sin ponerse
uno.
Llegaron al juzgado
cinco minutos antes de la cita, Mario revisó por última vez los documentos, en
el grupo de apoyo lo habían asesorado así que no había falla, pero uno nunca
sabe.
─ Buenos días, tengo
una cita a las 4:00 para una rectificación de acta por cambio de nombre y
género ─ saludó nervioso a la secretaria mientras sus padres y Rodrigo lo
esperaban en unas sillas al fondo.
─ ¿María López
Gutiérrez? ─ preguntó la mujer revisando en su computadora.
─ Mario, oficialmente a
partir de esta tarde ─ aclaró el muchacho entregando los documentos a la
secretaria que se encargó de revisar los documentos.
─ Todo en orden,
necesito que llenes esta forma con los nuevos datos, con mayúsculas y letra de
molde.
Mario llenó con sumo
cuidado el formato… “Mario Alberto López Gutiérrez… Masculino”, una especie de
corriente eléctrica le recorrió el cuerpo entero, las manos le temblaban de
emoción cuando le entregó el formato a la secretaria.
─ Perfecto, te voy a
leer los datos en voz alta mientras los paso a máquina y quiero que me
confirmes que todo es correcto.
La mujer era seria pero
amable, el sonido de cada tecla era para Mario una fanfarria de celebración,
cuando el documento estuvo listo, la secretaria se lo entregó a Mario.
─ Esta es tu pre acta,
pero ya es oficial, regresa el 12 por tu acta original y tu expediente para que
confirmes que se ha notificado a todas las instancias pertinentes ─ Mario tomó
el documento, aún temblaba, la euforia lo invadió y una sonrisa enorme iluminó
su rostro al leer su nombre ─ Bienvenido Mario, y feliz renacimiento ─ agregó
la mujer sonriendo por primera vez.
Mario corrió a abrazar
a su familia con su nueva acta en mano, con esa palabra resonando en su mente.
“Renacimiento”, le gustaba, ese día por fin había renacido.
Nadir Kampz
Euforia de género: Sensación de felicidad, plenitud y vitalidad que siente una persona trans al expresar libremente el género con el que se identifica, cuando el entorno usa el nombre y los pronombres correctos o al empezar a reconocer en su cuerpo rasgos más acordes con su identidad.
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